Opinión

Sin escaño

Por
  • ANTONIO NADAL PERÍA
OPINIÓNACTUALIZADA 25/01/2019 A LAS 01:00

Errejón y Llamazares han coincidido en dejar su escaño, consecuencia de haberse movido de la foto, por poner los cuernos a sus partidos respectivos. Echenique comentó unos días antes que eso es lo que debía hacer Errejón, pero de algo tenía que vivir hasta mayo. Que no se preocupe Echenique porque Errejón, ex colega suyo, va a contar con más dinero del necesario para sobrevivir unos pocos meses: tiene derecho a una indemnización del Congreso de 8.700 euros, resultado de sumar tres mensualidades de 2.900 euros cada una, mucho más que el salario mínimo. Quien cobre el nuevo salario mínimo podría vivir casi diez meses con esa indemnización. Errejón ya tiene experiencia en cobrar sin dar palo al agua. Cobró 1.825 euros mensuales por cuarenta horas semanales como investigador universitario sin pisar la Universidad. Leo en una página de internet que en España se puede vivir con unos ingresos entre 900 y 1.200 euros. El reparto para llegar a tal conclusión consiste en gastarse 40 o 50 euros a la semana en el supermercado, un alquiler de unos 600 euros si a la vez se arrienda una habitación por unos 300 euros, 100 euros para gas, electricidad, agua e internet, viajando en metro con un bono de 7 euros, dos entradas de cine, gimnasio y telefonía móvil. Errejón se ahorraría la cuota del gimnasio, está a la vista que no es vigoréxico. Siendo que cobrará más del triple del salario mínimo, los gastos antes mencionados puede multiplicarlos por tres y así no se ve obligado a ajustarse el cinturón. Echenique debe preocuparse menos de con qué vivirá Errejón hasta mayo y preocuparse más de sí mismo, pues una juez ha ratificado la sanción de 1.000 euros por contratar irregularmente a su asistente. Muchos trabajadores dejarían su empleo para colocarse cuatro meses después si en el ínterin contasen con una indemnización de esa categoría, incluso con menor indemnización. De ese modo no se corre peligro alguno, nada se arriesga. Eso de reinventarse, que en tiempos de crisis se lleva mucho, no va con quien tiene las espaldas cubiertas mientras espera la nueva ocupación. Dejar un trabajo seguro y bien remunerado para reinventarse o buscarse otro modus vivendi es muy arriesgado, pocas personas actúan de ese modo, hace falta mucha confianza en uno mismo.

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