Opinión

Izquierdas: los enemigos son ellos mismos

Por
  • MIGUEL ÁNGEL FUSTERO AGUIRRE
OPINIÓNACTUALIZADA 01/02/2019 A LAS 01:00

Me quedo perplejo al observar cómo las izquierdas, todas, son incapaces de darse cuenta de que, por encima de sus legítimas aspiraciones, pensamientos y diferencias, debiera estar la realidad de esa mayoría social que quieren representar.

Esa mayoría social anda huérfana de un referente político serio que la vuelva a ilusionar después de tanta decepción, cambios de chaqueta, manipulaciones, promesas incumplidas, abdicaciones ante los intereses y poderes que se dice combatir, en definitiva, fracaso de la política, descrédito de los políticos, de las instituciones representativas, prostitución de la democracia.

No creo que sea tan difícil buscar un programa común, de mínimos si se quiere, un gran pacto que siente las bases para un verdadero cambio y los primeros pasos para, de una vez, armar, estructurar, construir un verdadero proyecto alternativo de las izquierdas. Hay tanto por hacer, son tantos los peligros que nos acechan, que no consigo comprender cómo se puede ser tan irresponsables, a juzgar por lo que todos los días está ocurriendo en las organizaciones políticas que se dicen de la izquierda.

Cada día estoy más convencido de que un proyecto así contaría con la mayoría social de este país y también con la mayoría electoral. Soy consciente de que el camino no sería nada sencillo, las dificultades y poderes en contra, muchos, pero lo que realmente me deprime es observar que el principal enemigo de las izquierdas somos nosotros mismos.

No, no es simple idealismo inocente, yo autocríticamente soy el primero que reconozco haber cometido errores individuales y colectivos durante un tiempo, tiempo donde gasté más energías en combatir a los de dentro que en identificar claramente al adversario y priorizar el combate ideológico y político contra éste. Sobran personalismos, dogmatismos, resentimientos, políticos agotados y acabados que debieran dar el paso e irse a su casa.

Pero hablemos de cosas concretas, de lo que preocupa a la gente que ya apoya o puede apoyar una opción de izquierdas como la que propongo: ¿Es que se reparte la riqueza de manera equitativa, es que se han recortado las diferencias entre unos pocos poderosos que lo tienen casi todo y una mayoría que han de pelear cada día por subsistir, sometidos a más presiones, más dificultades para llegar a final de mes, para sacar sus familias adelante?

¿Es que la justicia es igual para todos, los impuestos los pagan quienes más tienen, a la cárcel van quienes lo merecen independientemente de si tienen poder o no, el dinero que se han llevado fuera para engañar a la hacienda pública se devuelve, lo devuelven quienes se lo han llevado y que no son precisamente los trabajadores o clases medias de este país?

¿Es que los valores de siempre, la solidaridad, la defensa de los derechos humanos, la paz, la tolerancia, el escrupuloso respeto a la diferencia por cuestión de sexo, raza, religión, viven sus mejores tiempos?

¿Es que el modelo territorial es un ejemplo donde todos los ciudadanos tienen igualdad en derechos y deberes, vivan en una parte u otra de nuestro país?

¿Es que no observamos cómo en los últimos años se han cargado casi en su totalidad los logros del estado del bienestar? ¿Todavía no nos hemos enterado de que a la sanidad, la educación, los servicios sociales, la dependencia, las pensiones, una mayoría de los ciudadanos tienen que acudir sí o sí, puesto que sus poderes adquisitivos no les permiten otra cosa?

¿Es que nuestros jóvenes, las generaciones venideras, aun siendo las mejor formadas en los últimos tiempos, tienen un futuro inmediato y no tan inmediato muy esperanzador, un futuro donde puedan trabajar en lo suyo, en cosas para las que se han formado, cobrar un salario digno, disponer de unas condiciones laborales aceptables, poder independizarse, crear una familia, etcétera?

Señores de las izquierdas, ¿no tenemos suficiente tajo para plantear soluciones a los problemas de la gente normal como para volver a tropezar en el mismo obstáculo, riñendo, debilitándonos, compitiendo entre nosotros mismos?

¿Todavía no nos hemos enterado de que está calando aquello de "todos los políticos son iguales", que se generaliza e identifica a la función política con ocupar el poder y defender sus propios privilegios e intereses corporativos?

¿No somos capaces de anticiparnos y ver que lo ocurrido en Andalucía se puede exportar a otros procesos electorales y que, aun a pesar de la escenificación, las derechas tienen claro que al final deben sumar, porque defienden similares intereses y detrás están los mismo dueños?

Señores de las izquierdas: Ya va siendo hora de madurar, de aprender sobre los errores del pasado, de no creernos poseedores de verdades absolutas –no existen-, de dar lecciones en cuanto a pureza de sangre, de rojos, de ideología, viendo enemigos y traidores por todas partes. Ya va siendo hora de identificar claramente al adversario, de tener claro a quiénes representamos y de que desunidos no vamos a ninguna parte.

Señores de las izquierdas: Aprendamos lo que es la generosidad política, el sentido de la responsabilidad, el consenso como cesión de las partes, el que se puede sumar aun manteniendo las diferencias, porque no se renuncia a nada, se prioriza el construir un proyecto político alternativo donde a nadie debe excluirse.

Señores de las izquierdas: Este país necesita un proyecto alternativo, un cambio en las políticas que hemos padecido durante bastantes años, un referente, una hoja de ruta, ilusionar y devolver la ilusión perdida a millones de desencantados, indignados, perjudicados, injustamente tratados. entre otras cosas, por nuestros propios errores, por nuestra debilidad, por querer hacer la política del adversario en muchas ocasiones.

Es hora de la política con mayúsculas, no desaprovechemos la ocasión o pagaremos cara una nueva derrota, se tardará mucho en la recuperación y aparecerán fenómenos que nos retrocederán en logros conquistados tras la lucha y el sacrificio de muchos.

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