Opinión

Una reparación para el doctor López-Otín

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  • DIARIO DEL ALTOARAGÓN
OPINIÓNACTUALIZADA 03/02/2019 A LAS 01:00

El tiempo dictará sentencia inapelable y demostrará que la retirada de ocho artículos del profesor Carlos López-Otín de Journal of Biological Chemistry ha sido una de las decisiones más injustas, más irreflexivas y menos acertadas de las que han tomado en su acrisolada existencia sus directivos.

Veinte años después de la firma de los documentos del grupo del investigador sabiñaniguense, puede considerarse que la falta de argumentos sólidos y de contextualización por parte de la publicación ha causado un incomprensible juicio público a la irreprochable consistencia científica de López-Otín.

Tal es así que la desproporción en la medida, que no ha contemplado los efectos perniciosos en la opinión pública por la carencia de una dimensión de los presuntos errores, demanda una reparación inmediata que pasa por la oportunidad exigida por el catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de repasar y, si menester fuera, rectificar algunas de las apreciaciones vertidas en aquellos estudios que, por cierto, han servido a sobresalientes trabajos de otros colectivos e individuos que se centran en la búsqueda de verdades y de aplicaciones para mejorar la vida de las personas.

Dictar sentencia severa por escritos muy pretéritos sobre la base de presuntas inexactitudes y sin propiciar opción de defensa y reacción no se compadece con el rigor que se supone a una revista científica y que, por el contrario, está más que certificado en las líneas de investigación del doctor López-Otín, gran estudioso, ávido observador, brillante en sus servicios al saber, justamente reconocido como uno de los aspirantes a los más altos honores por los resultados de sus indagaciones en lo más profundo de los arcanos de la salud y de la existencia humana, un profesor brillantísimo y, fundamentalmente, un profesional íntegro que día a día escudriña en los misterios globales para hallar soluciones que entregar a sus congéneres.

Urge la restitución pública inapelable de un honor que para nada puede verse en entredicho.

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