Opinión

El río de la historia

Por
  • ENRIQUE SERBETO
OPINIÓNACTUALIZADA 26/02/2019 A LAS 01:00
El río de la historia
El río de la historia

Para que no me pase como aotros, pondré la cita con todas las referencias: "Nadie puede bañarse dos veces en el mismo río". Es más o menos lo que dijo Platón citando a Heráclito. Y, como todo el mundo sabe, significa que no hay nada que suceda dos veces de forma idéntica, porque el tiempo fluye como las aguas río abajo y lo cambia todo, a nosotros y al mundo. Es una reflexión que me permito recordarle al presidente del Gobierno, el doctor Pedro Sánchez, que con su campaña para recolocar los símbolos franquistas y, en especial, el cadáver del dictador, ha demostrado una querencia obsesiva hacia una época que ya está bastante río arriba. Se lo menciono además porque me da la impresión de que para la mayoría de españoles es un esfuerzo estéril. Estéril porque el general en cuestión ni sufre ni padece y además de enredarse en un laberinto jurídico con la familia, no le veo ninguna ventaja al modo con el que ha enfocado esto, que es puro marketing electoral. Yo no niego que habría preferido que el dictador hubiera sido depuesto, digamos una década antes de su muerte, que la democracia lo hubiese juzgado y que España hubiera adelantado unos años su reconexión con Europa. Pero no fue eso lo que pasó y haga lo que haga el actual Gobierno, nada va a cambiarlo. Personalmente, también habría querido pedirle cuentas a Fernando VII, cuyos gravísimos errores nos costaron la pérdida de América y un siglo de guerras civiles, pero hace tiempo que sé que ni desenterrarlo de donde esté sepultado ni borrar las calles y plazas que le honran a él o a sus ministros habría servido para aliviar las consecuencias de sus tropelías. Al fin y al cabo, de Franco aún quedan algunas obras buenas (cosa que no le redime en absoluto) pero del nieto de Carlos III ni siquiera se puede decir lo mismo.

Sin querer hacer paralelismos, que en este caso no se pueden hacer ni de broma, pensando en esto me ha venido a la mente otro personaje que tampoco tuvo en cuenta que el río de la historia no se puede detener. Se trata del indigno ex teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero, que también tenía una relación obsesiva con el franquismo, aunque como es sabido en su caso era de admiración. Le tengo una antipatía personal porque el 23 de febrero de 1981 yo era un simple soldado de reemplazo en la Compañía de Servicios de la Capitanía General de Valencia y me hizo pasar una noche de terror que no hace falta que describa. Cuando entró en el Congreso a tiros, tampoco tuvo en cuenta que –afortunadamente- el agua del río de nuestra historia había corrido lo suficiente como para que todos sus esfuerzos por boicotear el régimen democrático fueran en vano. Y ayer, que era precisamente el 38 aniversario de aquella intentona, me di cuenta de repente de que no tenía ni idea de si Tejero ha muerto como casi todos los responsables de aquella baladronada, o si aún está vivo y las próximas elecciones podrá votar tranquilamente a Vox, que seguramente representa más o menos las ideas que él quería imponer por la fuerza, lo que sería un curioso bucle histórico, casi un meandro por mantener el símil fluvial.

Y en el muy hipotético caso de que el doctor Sánchez leyese esta humilde crónica, le regalaré otra cita que le puede venir muy bien ahora que ya ha escrito sus memorias. Decía Confucio que "la experiencia es una lámpara que llevamos en la espalda y que por eso solo ilumina bien el camino que ya hemos recorrido". Pero a la vista de lo que pasó con el refrán del colchón de La Moncloa y el contagio de las ideas, me temo que esto tampoco lo entenderá.

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