Opinión

Alfredo Pérez Rubalcaba, de vocación servir

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  • Diario del Altoaragón
OPINIÓNACTUALIZADA 11/05/2019 A LAS 02:00

Alfredo Pérez Rubalcaba falleció ayer y, tras él, queda un importante bagaje de trabajo por los demás en todos los ámbitos en los que, por formación y por vocación, sobresalió. Quien fuera vicepresidente del Gobierno, ministro y secretario general del PSOE aúna en su frondosa trayectoria dos de las condiciones que refuerzan la personalidad humana hasta elevarla a condición de líder. Por un lado, en las aulas, en conferencias y en su trabajo profesional, ha sido magíster, el que destaca sobre los demás y tiene, por tanto, una autoridad que dirige e influye. Su devoción por el magisterio y la Química le permitieron fluir con felicidad tras dejar voluntariamente la actividad institucional y orgánica. Por el otro, el miníster, el que sirve, el que ayuda. Y ahí, Pérez Rubalcaba también fue un maestro porque entendió en el apoyo a los demás, entendidos estos como comunidad que aglutina a cada individuo, como un objeto de su voluntad en el que analizar, diagnosticar, valorar e impartir doctrina y gestión.

En esta doble piel se puede entender mejor la autoridad que Pérez Rubalcaba ha ejercido durante décadas sobre sus colaboradores directos, sobre sus correligionarios, sobre sus competidores que le criticaron pero a los que no quedó otro remedio que respetar por el conocimiento y el sentido de Estado que emanaba de su acción política. Evidentemente, en una ejecutoria tan exuberante cuando menester fue y tan discreta cuando lo requirió la responsabilidad, se suceden los aciertos y los errores, viniendo estos del riesgo de quien ha de calcular sobre la cuerda y a veces sin red. Pero, exactamente igual que sus alumnos admiraron y admitieron su sabiduría, España debe releer y reescucharle para obtener referentes que contribuyan a alcanzar respuestas a los desafíos que nos arroja cada tiempo.

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