Opinión

Silencio en la plaza

Por
  • HORTENSIA LORÉS
OPINIÓNACTUALIZADA 26/05/2019 A LAS 12:49

(En recuerdo a María Jesús Marión Fanlo, de Apiés) Es la plaza Mayor, el corazón de un pueblo, que late al compás de su propia historia.

Rodeada, generalmente, de los edificios más emblemáticos, como la iglesia y el ayuntamiento, da muestras de buena salud, si se ve vida en ella, convirtiéndose así en un termómetro sociológico.

Apreciamos un buen estado de salud del pueblo, cuando vemos en la plaza niños jugando, escuchamos sus risas, golpes de pelota, nos cruzamos con sus bicicletas o nos tropezamos con ellas cuando las aparcan tiradas en las aceras; cuando vemos familias paseando con sus bebés, personas mayores sentadas, hablando y contando sus historias, etcétera.

Apiés, como cualquier otro pueblo, tiene su plaza Mayor, y la tiene desde la Edad Media.

A pesar de haber quedado destruida tras los bombardeos durante la Guerra Civil, resurgió de sus propias cenizas, reconstruyéndose en la postguerra, la iglesia, el ayuntamiento y edificando casas nuevas. Todas sus casas nuevas.

En una de estas casas, se quedó la familia que había vivido en ese mismo espacio, desde varias generaciones, hasta que una bomba de la aviación franquista, la destruyó por completo en la primavera del 37.

Es la conocida como "casa La Plaza". El nombre ya nos da una idea de lo emblemática que es en el pueblo.

Esta semana, "casa La Plaza" tiene sus persianas bajadas. María Jesús, su dueña, ha cerrado sus ojos, cerrándose así una importantísima parte de la historia del pueblo.

María Jesús, con sus casi 95 años, recordaba, hasta hace poco, todo, absolutamente todo sobre los hechos acontecidos en el pueblo desde su infancia.

No sólo se ha ido la persona de mayor edad del pueblo, sino una mujer honesta, muy trabajadora, cariñosa y discreta que, a pesar de haber sufrido todos los avatares que se vivieron en la España del siglo XX, nunca abandonó su sonrisa y dulzura.

Con su pérdida, desaparece una parte del corazón de la vida en el pueblo, de la vida rural.

Con su pérdida, el latido de la plaza de Apiés se hace, irremediablemente, más débil.

Descansa en paz, María Jesús y gracias por tus muchas horas de cariño.

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