Opinión

El hechizo de la sirena al farero

Por
  • CARLOS TORRES MIRANDA (Real Sociedad Matemática Española)
OPINIÓNACTUALIZADA 30/05/2019 A LAS 02:00

El farero alumbraba y les tocaba campanas a las temerosas sirenitas desde el faro. Y ellas buceaban, aguardando, cantando a los fareros, al farero. Mientras, las estrellas tintineaban, titilaban, pululaban por el firmamento observando el cortejo durante el cielo nocturno.

Si ligan, ellas irán a los faros por sus luces intermitentes, pues por sus mutuas soledades se añoran... se anhelan seduciéndose con el canto y el buceo la(s) una(s) y el parpadeo y el tilín el (los) otro(s); y él debe permanecer en el puesto. Están hechizados por amor.

Las bocinas de los barcos anunciarán el encuentro. Acudirán gaviotas y se echarán migas de pan en vez de arroz. No habrá viajes y vivirán en el faro, Pero las otras sirenas de los bomberos, ambulancias, coches policiales y de protección civil, entre otros, necesarias, cuanta menor sea su audiencia, mejor. Y algún perro presagiará algo malo con sus aullidos y su sexto sentido, olvidado por el hombre durante millones de años por su pérdida del instinto. Son los perniciosos efectos colaterales del progreso, pero que se pueden subsanar. En fin, que con esto y un buen rato, este cuento se ha acabado.

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