Opinión

La alpargata miñonera

Por
  • JOSÉ RAMÓN VILLOBAS SESÉ
OPINIÓNACTUALIZADA 15/06/2019 A LAS 02:00

Que hayan elegido como cartel anunciador de las fiestas laurentinas una alpargata únicamente puede halagar a los que viven en la calle La Apargán (Goya), donde se concentraban las alpargaterías de Huesca. Para mí la elección de esa calza es la mejor manera de poner a la ciudad por los suelos. No nos vamos a levantar así, salvo para bailar la jota, que proviene de "salta".

Para expresar empatía, nosotros decimos "ponerse en la piel del otro". Los ingleses dicen, sin embargo, "ponerse en el calzado de otro". Y la verdad nadie se va meter en unas vulgares alpargatas, hechas la suela de cáñamo o esparto. Llegado el caso, yo me calzaría unos zapatos Cleverley, Guidi o Santini. Y si fuera mujer, me gustaría llevar los zapatos de la extravagante Lady Gaga para experimentar sus vibraciones.

Siendo positivo, pienso que lo que ha pretendido el autor del cartel es la repoblación del medio rural. Los de pueblo vestían de ordinario alpargatas o abarcas, pantalones azulones y camisas tremendamente sudadas y sucias. De ahí, que al visitar la ciudad y ver a los urbanitas bien ataviados, comentaran que en Huesca siempre estaban de fiesta. Algunos abarcudos se hacían ellos mismos las abarcas con neumáticos desechados.

Años de estrecheces de la posguerra. Unas alpargatas de esparto me duraban quince días. Una vez, con el fin de prolongar su vida pisé con ellas un charco de alquitrán derretido por el calor. OK, me dije. Pero tenía la costumbre de sentarme en la silla sobre mi pie derecho. Y así lo hice a la hora de la comida. Manché el pantalón con alquitrán y todavía veo a mi paciente madre "estregando" para limpiarlo.

Vamos a volver a los pueblos con la alpargata miñonera. Cultivaremos de nuevo los huertos para comer sano. Venderemos el coche para no contaminar. Muchos podréis seguir trabajando en vuestras oficinas a través de internet. Poblaremos el corral con gallinas, conejos y algún pavo real, que son muy vistosos. Y a lo mejor beberemos agua sin clorar.

¡Bendita alpargata que nos traslada a un espacio sin estrés! Lo único. Pero es que la alpargata no me dice nada, absolutamente nada, de San Lorenzo, mi patrón, ni de su entorno oscense. Vulgaridad de vulgaridades.

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