Opinión

Una sentencia que reconforta

Por
  • Diario del Altoaragón
OPINIÓNACTUALIZADA 22/06/2019 A LAS 02:00

Es cierto que, en demasiadas ocasiones, los ciudadanos realizamos pocos esfuerzos para comprender la especificidad del desempeño de la Justicia. Es tan sensible su equilibrio que a veces no comprendemos que han de atenerse a la literalidad de la ley sin apelar a las herramientas sencillas que confiere la sensibilidad, cuando las cuestiones son esencialmente complejas. Ni puede detenerse en consideraciones como la ejemplaridad concebida como aplicación excesiva para castigo, o en otras como la comprensión por los juicios paralelos de la opinión pública.

Sin embargo, padecemos casos en los que, por más que nos entreguemos a un ejercicio de abstracción, es muy difícil empatizar con la labor de determinados magistrados, fiscales o letrados, y uno de los más claros de los últimos años es el de la denominada "Manada". No es preciso conocer en profundidad el ordenamiento jurídico y sus muchos vericuetos para asegurar que las anteriores condenas habían resultado demasiado suaves a los ojos de la ciudadanía e hirientes a los de la víctima. Incluso la simple aplicación semántica derivaba en una indignación difícilmente contenida porque semejaba una tolerancia excesiva a quienes se habían comportado como unos miserables que habían intimidado y violentado a una joven en situación indefensa. Claro que los argumentos de la judicatura han de ser más profundos y más rigurosos que los que podamos plantear las personas de a pie, pero la sensación de eufemismo invadió el ánimo de millones de españoles que ayer, por contra, se vieron aliviados por la corrección al alza de las penas respecto a los anteriores fallos. Los delitos no pueden resultar tan baratos ni tampoco ajusticiar en la peor de las connotaciones. Pero la vara de la Justicia no debe pelearse tampoco con la regla del sentido común.

Etiquetas