Opinión

Los "alcaldes coraje"

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  • Diario del Altoaragón
OPINIÓNACTUALIZADA 24/06/2019 A LAS 02:00

Por causas diversas, han entregado sus varas de mando Alfonso Salillas, Obdulia Gracia y Miguel Ángel Puyuelo, los dos últimos en estos últimos comicios, aunque sólo el primero aspiraba a la repetición en la Alcaldía. Les unió una gran causa, la recuperación de los bienes eclesiásticos desarraigados de sus municipios, pero sobre todo una característica de sus personalidades, el coraje, esa virtud que Napoleón afirmaba que no se puede simular porque escapa a la hipocresía. Esa diferenciación en su carácter ha sido la que les ha conducido, con la fortaleza de la cooperación entre los tres, a ponerse en acción para reclamar las piezas que fueron concebidas, esculpidas, construidas y finalmente alumbradas por los antepasados de estos pueblos que, bajo la fe, erigieron obras tan valiosas que siglos después negligencias próximas y perfidias remotas provocaron su forzosa migración y la postrera resistencia a la devolución a sus legítimos propietarios, la comunidad que conforman los tres ayuntamientos.

Sólo el coraje, armonizado la inteligencia de saberse aconsejar por compañeros tan valiosos y también valerosos como Jorge Español, explica una singladura que se remonta más de dos décadas atrás y ha avanzado coordinadamente en la demanda de justicia y dignidad, arrastrándonos a todos hacia la recuperación de una porción indisoluble de la identidad aragonesa. Su audacia y arrojo ha derribado fronteras, ha inducido el retorno del arte eclesiástico de nuestras parroquias, ha evidenciado una tibieza generalizada incomprensible, ha convocado una manifestación en Zaragoza menos populosa de lo que debió ser, ha llevado la reivindicación por el Camino de Santiago y ha demostrado que la tenacidad acompañada de la razón y del sentimiento obtiene sus réditos. Pero, sobre todo, los "alcaldes coraje" nos han colocado ante la prueba de demostrarnos y demostrar si tenemos plena conciencia y, por tanto, coherencia en la defensa de lo propio sin perder los horizontes más profundos.

Diario del AltoAragón

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