Opinión

Prendas bifurcadas

Por
  • TOMÁS MOYANO BONEL
OPINIÓNACTUALIZADA 24/06/2019 A LAS 02:00

El abajo firmante se encuentra disfrutando de su periplo escocés, más concretamente en la ciudad de Edimburgo como lo viene haciendo desde hace unos cuantos años. A los escasos minutos de llegar a la casa se despoja de las prendas bifurcadas que en Europa caracterizan a los hombres. Eso, amables lectores y amiga Cressida, era hace unas décadas, dado que en la actualidad, con los pantalones (las aludidas prendas bifurcadas), no se distinguen bien los sexos. En Escocia vestir el "kilt tradicional" sí que es exclusivamente masculino y su comodidad es inapreciable y desconocida para los no iniciados. El kilt actual es la evolución del "breacan an fheiilidh o feile mor" que consistía en una gran y larga pieza de tela de lana que se envolvía al cuerpo. Uno mismo hacía los pliegues traseros y se sujetaba todo a la cintura con un cinturón ancho. Lo que sobraba se echaba por encima del hombro izquierdo. Muchos accidentes laborales en los molinos de tejidos e hilaturas aconsejaron cortar por la mitad el kilt grande naciendo la prenda actual. A principios del siglo XIX, con la derrota del emperador de los franceses, Napoleón Bonaparte, las tropas de los vencedores ocuparon París. Los regimientos escoceses vestían el kilt como parte de su uniforme. Curiosamente los kilts militares en aquellos tiempos eran bastante cortos, un buen palmo por encima de la rodilla. Hay grabados de la época que muestran a los soldados escoceses agachándose ante el supuesto escándalo de las parisinas, porque lo que se podía apreciar públicamente se suponía reservado a las alcobas. Hoy en día el kilt roza las rodillas aunque es un signo de masculinidad mostrarlas, como también lo es no llevar ropa interior. Es más que lógico, puesto que cuando el kilt era de uso diario y como única prenda de vestir, la ropa interior era desconocida, especialmente entre la gente del campo y los trabajadores manuales. Ahora es a gusto del usuario vestir como un verdadero escocés, o no hacerlo. Incluso en la capital de Escocia el kilt despierta curiosidad en los transeúntes, especialmente en los turistas japoneses con máquina de fotos en ristre. Y cuando una señora de pelo blanco te para en la calle y te dice: "cómo se me alegra el corazón de ver a un hombre vestir como debe ser", pues te sabe a gloria bendita. The end.

TOMÁS MOYANO BONEL Jotero

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