Opinión

Un pacto efímero y un espectáculo deplorable

Por
  • PASCUAL ASCASO
OPINIÓNACTUALIZADA 07/07/2019 A LAS 02:00

El tripartito PP, Cs y Vox resultó efímero por culpa de una papeleta en blanco. Trece eran los del tripartito y uno de ellos el de la papeleta en blanco. No me digan que no tiene gran similitud, salvando las distancias, lo vivido en el Ayuntamiento de Huesca para la elección de alcalde, con lo ocurrido en la última cena en la que Judas, uno de los doce, entregó a Jesús para que fuese ajusticiado.

En el caso que nos ocupa parece que no se sabe aún quién fue el que tiró la piedra y escondió la mano, ni sé si se sabrá algún día. Lo cierto es que uno de los trece produjo el roto en lo que antes habían dejado bien cosido y en el que él mismo, me figuro, habría participado en la operación cosido o por lo menos estaba de acuerdo con el pacto.

Muy mal está que el de la papeleta en blanco rompiera el compromiso, pero mucho peor está no dar la cara para decir yo he sido y explicar las razones que le llevaron a ello. Por lo que se deduce, no le ha importado dejar caer la sombra de la duda sobre los doce restantes componentes del tripartito. Me parece tremendamente injusto tirar la piedra y esconder la mano.

Lo hecho por esta persona, si no fue por error, ha causado un daño a la política; a su propio partido si es que lo hizo sin su consentimiento y a la ciudadanía en general. Y todo por el incumplimiento del compromiso que había adquirido. Es un hecho imperdonable que merma aún más, si cabe, la credibilidad de los políticos.

José Luis Cadena se apresuró a decir que el voto en blanco no era de ninguno de los suyos, mientras que los demás atribuían la papeleta, por error o no, a ellos. Lo cierto es que la papeleta en blanco hizo alcalde a Luis Felipe, dejando perplejos a todos, y en primer lugar a quien ni remota idea tenía ya de volver a coger la vara de mando. Tanto es así que tuvo que improvisar su discurso para el que nada había preparado. A todos nos ha dejado el autor del hecho con dos palmos de narices, para que cada uno piense quién de los trece pudo ser el que cometiera semejante despropósito esperpéntico y que ha sido noticia nacional.

Tras el recuento de los votos la cara de Alós reflejaba una enorme decepción y pena, mientras que la de Felipe era de sorpresa y plena satisfacción.

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