Opinión

El manto negro de la Virgen (Sensaciones tras la tragedia. Con todo mi cariño a los pueblos de Perdiguera y Leciñena).

Por
  • LUIS M. CASÁUS
OPINIÓNACTUALIZADA 28/07/2019 A LAS 02:00

El pasado 23 de julio, cuando los rayos de sol caían sin piedad sobre la estepa monegrina y sus gentes se resguardaban para aliviar el infierno que venía del cielo, ocurrió la tragedia? Un "buggy" descontrolado y el comportamiento insensato de sus conductores fueron la causa de la catástrofe. El fuego atenazó los corazones de los lugareños que no llegaban a entender. Como si fuera un sueño, las llamas gigantes fueron avanzando hasta conseguir, en menos de 24 horas, devorar más de mil hectáreas de monte bajo y tierra de cultivo. La rápida actuación de las instituciones, la colaboración de las gentes con sus tractores construyendo barreras contra el avance de las lenguas de dragón y la colaboración del bochorno abrasador hicieron que no fuera peor? Dos días después sentí la necesidad de subir al Santuario. Coroné el cerro entre cenizas de muerte a un lado y otro del camino. El olor a tierra quemada se había adueñado del tomillo y romero abrasados y el oscuro matizado había engullido al verde de los pinos. Un manto negro de tristeza y desolación lo cubría todo? La Virgen lloraba el desastre. No le gusta cómo la han vestido. Tendrán que pasar muchos años para que el paisaje recupere su esplendor, tendrán que pasar muchos años para volver a disfrutar de los verdes, ocres y amarillos tan queridos, tan nuestros? La vida sigue, pero la herida sangrará por mucho tiempo. El fatídico 23 de julio pasará a la historia de los pueblos de Perdiguera y Leciñena, pueblos que luchan, como todos los pueblos monegrinos, por sobrevivir en una tierra inhóspita que parece, en ocasiones, no tener inclinaciones de madre. Una tierra tan dura que ha hecho a sus gentes, mujeres y hombres, fuertes de espíritu, luchadoras y luchadores incansables, capaces de afrontar la desgracia con la entereza y la serenidad que da ese espíritu monegrino forjado por los tiempos y que lleva, como tantas veces, a volver a empezar desde el trabajo y la constancia? La Virgen sigue ahí, siempre ahí esperando y echando una mano desde el interior de los corazones de cada uno. El manto negro que hoy lleva no le gusta. En las manos de todos está cambiar ese color de impotencia y muerte por el verde de la vida y la esperanza.

Luis M. Casáus

Director del T de R

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