Opinión

El deterioro político

Por
  • RAMÓN RALLUY
OPINIÓNACTUALIZADA 04/08/2019 A LAS 02:00

Se dice que la nostalgia deprime, puede ser, pero a veces es bueno ser nostálgicos para rememorar tiempos pasados. Hay muchos recordatorios a tener en cuenta, sobre todo en política, donde la cuerda a fuerza de tensarla se va desgastando y es previsible la rotura total.

Nadie da el brazo a torcer, no sabemos si es bueno o es malo, lo que sí se adivina es la fuerte ambición por el poder. El ciudadano ve con preocupación el desgobierno, que se avecina y que venimos sufriendo de mucho tiempo atrás, a decir verdad a pesar de todo vamos viviendo que ya es un logro matemático, porque las cuentas no salen. Los que vivimos bajo mínimos, tenemos que rasgarnos las vestiduras, viendo mermar el poder adquisitivo y, en contrapartida, más carestía de vida y por si fuera poco, amenaza de nuevas elecciones, para engrosar el inútil gasto desorbitado que todo ello lleva aparejado.

La cuerda se va deteriorando y pierde fuerza y lo peor es que a ciertos entes o personas influyentes, parece ser que no les importa, dando la impresión de que se va minando la moral ciudadana con la repercusión negativa que todo ello conlleva.

Las recetas milagrosas no existen para conducir una nación a gusto de todos, pero el pronóstico de difícil arreglo, sería fácil si se permutaran los intereses de partido y de poder individual al interés general.

Señores responsables, hagan un pequeño paréntesis, unas vacaciones siempre son fructíferas para reflexionar, por el bien de la patria, que es de todos, no solo de unos pocos y hagamos una convivencia en paz, en armonía, con ganas de trabajar y nunca recurrir a la división, ni a la dispersión.

Suprimamos la cuerda vieja a punto de romperse por una nueva fuerte y consistente donde podamos tirar todos de ella sin miedo a que se desgaste.

La persona y las masas deben de ser inclinadas hacia metas constructivas, nunca al revés, solo así levantaremos un país digno, admirado, floreciente y con la autoestima de ser envidiados por el mundo de nuestro alrededor.

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