Opinión

Animales

Por
  • MARIANO RAMÓN
OPINIÓNACTUALIZADA 26/08/2019 A LAS 02:00

Antaño, los animales domésticos se nutrían con plantas al igual que el hombre primitivo, si bien el deseo de incrementar sus producciones tanto de leche como de carne ha hecho que se introduzcan en su alimentación otros nutrientes como las harinas de pescado y de carne, los antibióticos y sustancias anabolizantes. No obstante, desde que el hombre se hizo cazador tuvo a bien comer carne haciendo de su consumo motivo de riqueza y de virilidad. Según la Organización Mundial de la Salud, el consumo de carne "per capita" en los países desarrollados es excesivo y debe ser rebajado a la cantidad de veinte kilos al año, cantidad que entre nosotros equivale a algo menos de dos pollos (broiler) mensuales. Por su parte, algunos movimientos ecologistas proponen el cierre de los mataderos y por consiguiente el vegetarianismo. Aducen que las flatulencias de los rumiantes contribuyen al calentamiento global lo cual siendo cierto no lo es menos que esos efectos negativos se contrarrestan sobradamente con el oxígeno emitido a la atmósfera y el carbono fijado en el suelo por la función clorofílica de los forrajes que consumen en gran cantidad. Si algún día llegara a suprimirse totalmente la carnización de los animales, el trauma socioeconómico que sufriría la economía agropecuaria sería de gravísimas consecuencias. Mataderos industriales y de abasto municipal, fábricas de piensos, cebaderos, etcétera y miles de puestos de trabajo se irían al garete. Por lo tanto, la idea de suprimir la carne en la dieta humana es utópica pero no lo es la de reducir su consumo. Así pues, parece aconsejable y hasta donde sea posible el regreso de los animales a su medio natural. Bastante más de medio siglo atrás pastaban en los llamados "puertos" pirenaicos medio millón de ovejas con sus crías amén de caballos, mulos, asnos, vacas y cabras. Parte de este ganado trashumaba a los pastizales de la tierra baja donde pasaba el invierno pastando. Pero vieron roturados sus espacios en favor del cultivo triguero, lo cual provocó un descenso de la cabaña ovina que en la actualidad apenas cuenta con cincuenta mil cabezas. Es posible recuperar los pastos de montaña ahora embastecidos por años de abandono al igual que asegurar la alimentación invernal (praderas, ensillado). Y así parte de la provincia vaciada podría volver a ser ocupada.

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