Opinión

Yesa y la normalidad

Por
  • MIGUEL SOLANA (PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN RÍO ARAGÓN)
OPINIÓNACTUALIZADA 31/01/2020 A LAS 01:00

El culebrón que acompaña el recrecimiento de Yesa se está caracterizando por la tergiversación de términos para, trastocando su significado, convertirlos en máscaras que pretenden disimular la gravedad de los hechos que allí ocurren. El último de la lista es normalidad, un término cuyo significado es claro: "cualidad o condición de una cosa que por su naturaleza, forma o magnitud, se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano". Cuando la CHE dice que lo que ocurre con el recrecimiento de Yesa se ajusta a la normalidad hemos de deducir que o desconoce el significado del término o nos quiere tomar el pelo.

Provocar un deslizamiento en la ladera izquierda, al crear en su base una escombrera que tuvo que retirar a posteriori, no puede calificarse de normalidad. No avisar de lo ocurrido y que la población se enterase por una filtración periodística no es normalidad.

Ejecutar obras, junto al cuerpo de presa en el lado derecho, que le quitaron estabilidad y conllevó que se levantase 15 mm sobre su asiento no puede calificarse de normalidad. Ocultar esto y los graves episodios ocurridos en 2013 hasta que se vieron abocados a un desalojo urgente en Yesa no es normalidad.

Tener que desmontar la ladera derecha quitando 1.600.000 metros cúbicos de tierra que no estaban previstos no es normalidad. Como no lo es tener que derribar, como consecuencia, 102 viviendas. Ni gastar en ello más de 50 millones de euros o, globalmente, cuadruplicar el presupuesto y triplicar plazos de ejecución.

Tener que redefinir, tras 19 años de la adjudicación, las obras de drenaje previstas para el cuerpo de presa por estar mal diseñadas y seguir haciendo estudios porque no se acaba de conocer la estructura del terreno sobre el que la presa se asienta no es normalidad.

Despacharse, ante el hecho que las laderas de Yesa se mueven, con que todas lo hacen y evitando añadir que a nadie se le ocurre, cuando esto pasa, asentar sobre ellas un peso de 1.079.000 toneladas no es normalidad.

Ignorar que el factor de seguridad para Yesa se encuentra en parámetros inaceptables e intentar sustituirlo por un mecanismo monitorizado de la velocidad de deslizamiento no puede calificarse como normalidad. Montar un sistema así de complejo y para siempre es la mayor prueba de una inseguridad latente e incorregible. ¿Pretende la CHE llamar en Yesa normalidad a lo que cualquier bien pensante considera excepcionalidad?

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