Opinión

La historia que no nos contaron. De dónde venimos

Por
  • CARLOS GARCÍA MARTÍNEZ
OPINIÓNACTUALIZADA 13/02/2020 A LAS 01:00

Este escrito es continuación de los publicados las últimas semanas a cuenta de la indefensión de la sociedad ante las falsas enseñanzas y las noticias que tratan de confundirnos. Desde la incitación al consumo de productos, algunos tan desaconsejables como las apuestas, a la difusión y propaganda de creencias y valores dogmáticos excluyentes, solo puede protegernos de ello, decía, una cultura sólida y una atención permanente. Trataremos hoy de esa historia de España heroica y extravagante que nos transmitieron y que tal vez hoy lo sigan haciendo en centros con ideología propia y con aguerridos valedores en el Parlamento y sus medios.

Sírvanos como buena muestra lo que Pérez Galdós pone, hace ya más de dos siglos, en boca del protagonista de sus primeros Episodios nacionales: "Como yo no sabía más historia que la que aprendí en la Caleta, para mí era de ley que uno debía entusiasmarse al oír que los españoles habían matado muchos moros primero, y gran pacotilla de ingleses y franceses después. Me representaba, pues, a mi país como muy valiente, pero el valor que yo concebía era tan parecido a la barbarie como un huevo a otro huevo. Con tales pensamientos, el patriotismo no era para mí más que el orgullo de pertenecer a aquella casta de matadores de moros". ¡Santiago – ahora otro - y cierra España! Otro escrito reciente me va a ahorrar lo que pensaba decir a mi manera. Es del escritor portugués Gabriel Magalhães, en una entrevista que titula La Vanguardia: "Entre la maravilla y el horror". En ella se habla de Antero, líder de la generación del 70. En la primera de las célebres Conferencias del Casino. Antero pronunció la primera, con el título "Causas de la decadencia de los pueblos peninsulares". Según él, las causas serían el centralismo, que destruye la pulsión de la diversidad; la falta de libertad, que empezó con la aplicación en España y Portugal del concilio de Trento, y el imperio. Las posesiones coloniales creaban una mentalidad que cercenaba la libertad civil. En Portugal, la aparición plena de la democracia, en 1974, coincidió con el fin del imperio. Uno de sus sueños fue el iberismo. A lo largo de los siglos XIX y XX, Portugal ha oscilado, dice el artículo, entre una visión de España sombría y tremebunda, la de un país tormento que guisó en un caldero el plato macabro de la Guerra Civil, y una España viable y humana, abierta y diversa, que entusiasma con su energía vital. Ese país ruidoso y a todo color que han conocido las últimas generaciones lusas: una nación que se visita como quien ha sido invitado a una fiesta. Este país feliz y tolerante no es una de las dos Españas de Machado, sino una tercera que ha existido de cuando en cuando. La España a la que le gusta charlar cordialmente cuando amaina el griterío. Quizá este Gobierno termine siendo un buen negocio para la pluralidad española. Sánchez creo que se ha dado cuenta de su misión. En Portugal aguardamos para saber si lo que tendremos al lado será la maravilla o el horror..." Eça de Queirós, el gran novelista, tenía una mirada más escéptica de España: "Detesto su sistema militar y aquella siniestra colaboración de generales y de hidalgos. Por lo demás, lo amo todo en España".

¿Para qué seguir si con estas citas se entiende todo Mi intención es despertar inquietudes ciudadanas que nos protejan del programa de la extrema derecha española, sus sorprendentes acólitos y la Conferencia Episcopal, que pretende, a lo que parece, volver a una contrarreforma autoritaria y liberticida.

A punto de enviar este artículo, leo que entre medidas que el Gobierno anuncia después de la Ley de la eutanasia figura incluir entre los fines del sistema educativo "el conocimiento de la historia democrática de España".

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