Opinión

La píldora de la muerte

Por
  • Jesús Martínez Madrid
OPINIÓNACTUALIZADA 20/02/2020 A LAS 01:00

Los Países Bajos disponen ya de la legislación más permisiva del mundo respecto a la eutanasia. Es el ejemplo de la incapacidad de una sociedad de proponer alternativas de cuidados ante la enfermedad y de recuperación del gusto por la vida y el bienestar integral de la persona. Una sociedad encerrada en sí misma y entregada a la esclavitud de las emociones. Con esta píldora de la muerte se ponen las bases de una peligrosa pendiente, que influirá también en la percepción de muchos ancianos, angustiados por el hecho de ser considerados como una carga.

El proyecto de legalización de la píldora letal significa apostar por la muerte y renunciar a factores esenciales de la condición humana. Las leyes deben estar para proteger la vida, a los más débiles y vulnerables, y no para facilitar la muerte a la carta y sin control. Por eso es más necesario que nunca un testimonio de razón y de afecto por la vida, capaz de sostener la esperanza de muchos que, ante su dificultad, sólo encuentran una invitación al vacío.

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