Opinión

Cajera y ministra

Por
  • ANTONIO NADAL PERÍA
OPINIÓNACTUALIZADA 25/02/2020 A LAS 01:00

Un diario digital se ufana de haber descubierto que la ministra Irene Montero ha ocultado en su currículo oficial que trabajó de cajera en una tienda de electrodomésticos. Seguro que no se ha molestado dicho diario en investigar el pasado laboral de otras mujeres de partidos de derechas. Montero ha respondido que de todas las experiencias que ha tenido a lo largo de su vida laboral, la de cajera es quizás la que más le ha ayudado a ser ministra. Estoy convencido de que así es, aunque como ministra todavía no ha demostrado gran cosa. A buen seguro que como cajera supo trabajar a gusto del dueño del comercio y supo lidiar con los clientes, labor que no es fácil. Todo trabajo de cara al público es muy complicado, pues hay que vérselas con toda clase de caracteres, con personas bien educadas y mal educadas, comprensivas, impacientes y peores. Además de que casi todos los trabajos son dignos y no hay que avergonzarse de haberlos practicado por muy bajos que se encuentren en la escala de oficios o profesiones. Todo el mundo no puede ser ejecutivo, ingeniero o cirujano y todos los trabajadores son necesarios a la sociedad. No existe el trabajo indigno sino la persona indigna. Que Irene Montero no incluyera en su currículo oficial el trabajo de cajera sí que despierta sospechas, tal vez consideró que no tenía importancia alguna ni era buen antecedente tras haber llegado a ministra. A menudo son mayores nuestros prejuicios que los de quienes nos juzgan. Creo que sería conveniente, sin embargo, que personas que llegan a lo alto en su profesión hubiesen empezado a ganarse la vida en trabajos menores, como son los de cajeros y reponedores de supermercado, barrenderos, camareros, etc. en los que se suda la camiseta a base de bien. Hace poco tiempo que se hicieron famosas las cajeras de una cadena de supermercados por su carácter agresivo y poco amable con el público, condición que ha cambiado porque los propietarios de la empresa debieron comprobar que no era buena política para atraer clientela. De hecho, esos supermercados se encuentran en una gran crisis económica a pesar de los precios asequibles de sus productos. En un supermercado que frecuento, hay veces en los que la cajera me pregunta si me ayuda a embolsar la mercancía que he comprado y me desea un buen día. Eso, repetido por cientos de clientes con los que trata, tiene que ser cansado, pero es un agradable método de atención.

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