Opinión

La indiferencia

Por
  • TEÓFILO MARCO ESTELLA
OPINIÓNACTUALIZADA 02/03/2020 A LAS 01:00

Si un día llega la razonable distribución de los bienes y una armoniosa organización de la sociedad, no por eso desaparecerá el dolor de la enfermedad, el de la incomprensión o el de la soledad, el de la muerte de las personas que amamos, el de la experiencia de la propia limitación, y más cosas que suceden en este valle de lágrimas por nuestra condición humana expuesta a toda gama del dolor.

Los partidos políticos, los gobiernos, no nos darán la felicidad completa que todos deseamos, por la sencilla razón: no está en sus manos, ni ven todas las necesidades cotidianas del ciudadano. Sí que pueden los gobiernos de izquierdas o derechas dar medios necesarios para que entidades religiosas, por ejemplo Cáritas, o laicas, que están más a pie de calle y cerca del prójimo, ayuden a muchas personas que necesitan ternura, compasión, esperanza y paz, y menos indiferencia por nuestra parte.

Dice el Papa Francisco en un Mensaje para la Cuaresma: "uno de los desafíos más urgentes sobre los que quiero detenerme en este Mensaje es el de la globalización de la indiferencia." La indiferencia ante los problemas del prójimo ha acuñado frases así: "el que por su culpa duerme en el suelo no hay que tenerle duelo." "A ese, que le den morcilla, merecido se lo tiene." "En esta vida sálvese quien pueda y el que venga atrás que arree." La indiferencia siempre ha existido y practicada por algunos. Hasta Jesucristo habla de ella en la parábola del buen samaritano. (Evg. Lc 10, 30-37) De tres personas que vieron a un hombre en el suelo herido, medio muerto por unos ladrones, dos fueron indiferentes y pasaron de largo, el samaritano se preocupó de él y lo llevó a una posada para ser curado, pagando él los gastos.

Por su culpa, por una vida tal vez viciosa o por lo que sea, la persona humana con problemas debe ser ayudada, socorrida por el que puede hacerlo, y no hacer como dice Cervantes de un personaje en los versos finales de un soneto: "caló el chapeo, requirió la espada, miró al soslayo, fuese... y no hubo nada."

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