Opinión

El virus que llena de dolor hasta el horizonte

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  • Diario del Altoaragón
OPINIÓNACTUALIZADA 17/03/2020 A LAS 01:00

El diario de la cuarentena, en su etapa 2, nos puso en la extrema crudeza de la realidad en un lunes, día llamado a desperezarse para alborear la semana en la que nuestra laboriosidad, actitud y talento ha de reportar réditos individuales, familiares y a toda la comunidad. Ayer, por el contrario, en las calles paseaban el vacío, el temor y la tristeza, inquietos por la evolución del virus, preocupados también por lo que nos deparará un futuro incierto. Pocas personas -muestra de civismo-, presencia militar y policial -para quienes exhiben tibieza en su responsabilidad- y una climatología poco propicia para cambiar la sensación del horizonte, que se presume desafiante.

Las empresas de todos los sectores y sus trabajadores vieron sus expectativas inmediatas cercenadas por el cumplimiento del deber, una de las mejores lecciones y una de las esperanzas mientras se suceden los acontecimientos, los contagios, las muertes, los cierres, los expedientes, el retorno de las férreas fronteras y la pérdida de vista de los alicientes de negocio y de ocio. Es, sin embargo, el pueblo español y aragonés resiliente, acostumbrado a sobreponerse a las catástrofes naturales, a los desastres propiciados por el ser humano, a las injusticias y a las crisis de todo orden. Y, por supuesto, exigente, porque cuando el ciudadano se entrega y entrega, tiene derecho a demandar el mejor criterio, las medidas óptimas y la máxima dedicación de sus instituciones.

En el punto cero en el que nos encontramos, con la certidumbre de que durante semanas -ojalá sólo dos- la tierra seguirá cediendo hasta tocar el fondo-, hay que concebir la España y el Aragón del futuro, porque el dolor es insoslayable, pero el sufrimiento está en la senda de nuestro destino, que no hace visitas a domicilio. Preparados en la rampa, hay que ir a por él.

Diario del AltoAragón

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