Opinión

Ramón Justes, adiós a un hombre bueno

Por
  • José Martín-Retortillo
OPINIÓNACTUALIZADA 01/04/2020 A LAS 02:00

Golpea la noticia de la muerte de Ramón Justes Carilla. Hombre bueno, valioso, útil y fecundo para la sociedad. Bondadoso y amable, gran político, imprescindible en sus cometidos y empeños profesionales. He perdido un amigo con el que a diario cogía larguísimos capazos caminantes, él con su sombrero y su reloj que le contaba los kilómetros que caminaba a diario por las calles de la ciudad, yo con mi viejo perro.

Se ha perdido un gran sindicalista, un mejor político, un hombre de empresa que atendía a creadores de arte y de empleo, una persona al servicio de su sociedad altoaragonesa, con una eficaz creatividad en sus proyectos hechos realidad, que destacó allá donde fue a parar.

Originario del barrio de San Martín, vinculado familiarmente a la parroquia de Santo Domingo, boy scout con orgullo de los de Rafael Andolz, temprano sindicalista de banca que le permitió participar con otros en la creación de Comisiones Obreras, miembro señero de la Junta Democrática de Aragón y pionero del Partido Socialista de Aragón, y luego, tras las primeras elecciones generales, del PSOE, donde anduvo por el Comité Federal y participó en la puesta en marcha y asistencia a las primeras elecciones locales. Mano derecha de personas con responsabilidad política como Santiago Marraco, presidente de Aragón; Miguel Godia, gobernador civil y Marcelino Iglesias, en su etapa de presidente de la Diputación de Huesca, que luego llegaría a la de Aragón.

Observador inteligente y realista, dotado de gran sentido común, supo salir, como muy pocos, de una establecida zona de confort política y buscarse la vida en la empresa privada, recalando con su entusiasmo en la empresa Oza Publicidad. Luego, en una empresa de la familia Nozaleda, tan notable en sus iniciativas en el Alto Aragón, empezando por la Bodega Enate, en la vanguardia con otras de la Denominación del Somontano, la ambiciosa recuperación de buena parte del Balneario de Panticosa, los inicios del Museo Beulas que luego sería el CDAN y que contribuyó de forma destacada, me consta, a despejar las pegas técnicas iniciales del Ayuntamiento, y otras iniciativas artísticas, urbanísticas o empresariales, que serían realidades en Barbastro, en Salas Bajas o en Sabiñánigo.

Destacó como gran político en el arte de dialogar y escuchar para llegar a acuerdos y a realidades, con generosidad, realismo, firmeza y creatividad, virtudes hoy escasamente abundantes y más propias de su época de la Transición en la que fue protagonista. Bastante desengañado del devenir político, distinguió como pocos, el arte de la política del ejercicio de la ocupación de cargos públicos. Hacía del trabajo una pasión y un arte. Participó en la imagen de la calidad de los vinos de Enate, acompañados de su colección de arte, que enorgullecen a toda una denominación y a una provincia.

No sé cuantos kilómetros hicimos hace más de cuarenta años en su viejo Seat 600 con la pasión de lo público en este territorio, ni cuántos kilómetros andaba a diario, afrontando sus achaques, con su sombrero, por las calles de Huesca. Recuerdo los capazos que a diario he estado cogiendo hasta hace nada con él, gracias a mi viejo perro, -él tuvo que sacrificar el suyo-, cuando la ciudad apenas se acababa de poner en marcha. Su número de amigos y conocidos ha sido muy grande, estaba bien informado, sabía del mundo empresarial y de las administraciones y seguía la marcha de la ciudad y de España, como pocos. Los tiempos vienen nuevos, no entendía el populismo, ni la reducción de la política al sectarismo, a los bloques, o simplemente a consignas publicitarias, con tanta ausencia de diálogo y de encuentro.

Solíamos reírnos de nosotros mismos, y de casi todo, a veces por no llorar, dicho figuradamente. Pero ahora hay una gran tristeza, la ausencia de un imprescindible en esta tierra del Alto Aragón, tan por hacer y tan bella. El llanto de su ausencia es real y sentido en esta fecha de hoy, tan cruel. Pero no toca otra, junto al recuerdo del hombre bueno y útil, que apoyar a su familia, tenerlo en el mejor de los recuerdos, y seguir adelante dando lo mejor de cada cual, sabiendo que descansa en paz.

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