Opinión

Un pueblo que danza con espadas

Por
  • DAMIÁN TORRIJOS
OPINIÓNACTUALIZADA 05/04/2020 A LAS 02:00

En las academias militares se enseña que las balas trazadoras pueden tener una consecuencia inesperada: señalan en ambos sentidos, de modo que quedan expuestos tanto el apuntado como el apuntador. La referencia castrense sería ociosa de no ser porque en todos los ámbitos se insiste en que estamos librando una batalla.

En mi opinión —que en todo caso es gratuita—, no prestamos suficiente atención a un fenómeno de extraordinaria trascendencia. Cada tarde, como la inmensa mayoría, salgo a mi balcón y aplaudo tanto como puedo. Es evidente que ese entusiasmo, que de entrada se dirigió a los sanitarios, se ha extendido a todos los servidores públicos que configuran la primera línea de defensa. Sin embargo, hay otra lectura que pasa inadvertida: ese estruendo apunta en ambas direcciones e identifica tanto a quienes son aplaudidos como a cuantos aplauden. Esa cita vespertina se ha convertido, además, en una proclamación de la identidad colectiva. No solo apelo al personal médico o policial: grito a mis vecinos que sigo ahí, que los percibo, que me perciban. Que estamos juntos en esto. Ni siquiera me refiero a un sentimiento nacional, que sigue otros cauces. Hablo de aquella señora que agita una linterna o de aquel caballero que saluda con el sombrero. De un modo inesperado, calzado con pantuflas, con la barba descuidada, me siento partícipe de algo inmenso precisamente porque, en términos físicos, parece pequeño.

No puedo hacer gala de un oscensismo exaltado porque ya he dejado escrito que no siento una especial emoción en San Lorenzo y que a veces me desconciertan y hasta me entristecen determinadas actitudes de esta ciudad. Eso no quiere decir que sea insensible a sus episodios de coraje. En mi calle, por ejemplo, la gente jalea su homenaje a los servidores públicos al ritmo de la música laurentina. Y recuerdo entonces una frase que ronda por ahí, entre mis papeles, como una proclama de la que en ocasiones me siento orgulloso: es imposible detener a un pueblo que danza con espadas.

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