Opinión

La visita de un monje budista

Por
  • THOMAS MOYANO BONEL
OPINIÓNACTUALIZADA 15/04/2020 A LAS 02:00

Hace días tuve la sensación de que Thailandia me ofrecía la oportunidad de profundizar en su cultura milenaria, y que lo hacía mediante uno de los símbolos más representativos y visibles de ese hermoso país. La figura envuelta en ropajes color azafrán fue la primera en salir por la puerta de llegadas en el aeropuerto internacional de Surat Thani. A medida que se acercaba, aumentaba mi zozobra por la conveniencia de esta visita a la par de una gran alegría por tener delante al monje budista con el cual llevaba algunos años de amistad en Facebook. Cuando mi hermano y yo lo tuvimos delante, nos agarró de las manos repitiendo varias veces: "my friends, my friends" con una amplia sonrisa. Ya en el coche de vuelta a la casa de mi hermano en el barrio residencial de Bang Kung en Surat Thani, pude apreciar con detalle a Phra Maha Wasant Thrukhakit, de 40 años de edad, de buen aspecto físico y muy majo aunque no alto, pero simpático, alegre, jovial y de fácil sonrisa. Su conocimiento de inglés más que suficiente para entablar una conversación pero con frecuencia utilizábamos los traductores simultáneos de los móviles. La semana de descanso de Wasant pretendía ser unas vacaciones, pero tuvimos que seguir la rutina de su templo en Rayong. Tenía a su disposición una amplia habitación con baño propio y buena cama que se negó a utilizar, insistiendo en dormir en el suelo. El día anterior, habíamos comprado en unos de los supermercados de la ciudad una colchoneta, la cual, extendida sobre el suelo, aceptó como lecho. Yo me levantaba temprano, antes de las seis de la madrugada, para desayunar juntos. Me maravillaba su excelente apetito, tanto en el desayuno como en la única comida sólida del día antes del mediodía.

A su vez, Wasant me invitó a presenciar e incluso participar en la ordenación de monjes novicios que se celebraría a partir del mes de abril. No muchos extranjeros han presenciado esta ceremonia que se me ofrecía en bandeja de plata. Yo estaba dispuesto a acudir por unos días a su templo dormir en el suelo, comer una vez al día solo lo que los habitantes locales ofrecían. A tal fin, me afeitó la cabeza y cejas y me enseñó algunos preceptos en el idioma Pali (lengua materna del Buddha) que debería cumplir. Por asuntos familiares, no puedo acudir. Espero hacerlo otro año con la inapreciable ayuda de Phra Maha Wasant, monje entrañable, admirable por su dedicación a dar a conocer a todos ese budismo sencillo que le caracteriza. Es un magnífico profesor con niños y novicios. Amigo Wasant, que el Buddha te bendiga y te proteja siempre. ¡Hasta la próxima visita!

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