Opinión

El San Jorge en el que Aragón no rebla una pizca

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  • Diario del Altoaragón
OPINIÓNACTUALIZADA 23/04/2020 A LAS 02:00

Los anales de Aragón, una tierra impregnada de gestas, de historia y de identidad, inscribirán en letra minúscula el 23 de abril de 2020, una fecha sencilla de recordar por su redondez, fácil de remembrar por quienes padecemos los rigores de esta primavera inaudita. En esta hoja del calendario, escribe una leyenda con el santo patrón aguerrido, firme, valeroso, simbólico, definitorio del carácter de los aragoneses. También sabio por su condición y, en el transcurrir de los siglos, porque a la celebración se ha agregado el tributo al libro como símbolo de conocimiento y de compromiso con el enriquecimiento cultural que nos convierte en seres mejores, con más discernimiento en cualquiera de las inteligencias que sepamos labrar en las enseñanzas regladas y en la curiosidad que riega el valle de nuestras experiencias, nuestras sensaciones y nuestras emociones.

Ambos atributos de los aragoneses explican la personalidad de un territorio tan humilde en su laboriosidad y en su empatía como ambicioso en la construcción de un Estado más grande en cuanto a solidario y a equilibrado, y como audaz en una educación en el pacto y en la unidad con el que abanderar la acción de todo el país ante las dificultades de entendimiento y de identificación de los grandes asuntos sobre los que pivotar en comunión porque en torno suyo está el interés general de todos y cada uno de los ciudadanos de España.

Hoy, es un Día de Aragón de no reblar. De mirar hacia arriba con la esperanza de que el brioso y buen santo baje para ayudarnos a doblegar la adversidad letal. De evocar su magnético perfil legendario. De compartir el anhelo del retorno a una normalidad desde la que, otra vez, salir a la conquista del bienestar y de la justicia. Sin ceder un ápice. En un gran abrazo.

Diario del AltoAragón

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