Opinión

Se abren balcones y ventanas a las ocho de la tarde

Por
  • JESÚS DOMINGO MARTÍNEZ
OPINIÓNACTUALIZADA 22/05/2020 A LAS 02:00

Cuando en tantos países se abren balcones y ventanas a las ocho de la tarde, para "honrar" ?agradecer- a quienes arriesgan su vida cuidando a los enfermos, se advierte la profundidad de un término que parecía asfixiado en medio de tanta sofística. Se cae en la cuenta de que el valor "honra" funda la honradez y exige "honrar" a quienes practican esa virtud. Al contrario, la mentira lleva a una deshonra personal, sentida como tal por la opinión. No es una tautología: de ordinario, uno es honrado ?reconocido así- porque es honrado.

Pienso el caso límite del cardenal australiano George Pell: su inocencia prevalece hoy después de meses de acciones y decisiones que buscaban deshonrarle ?quizá, en él, al conjunto de la jerarquía católica-, con afirmaciones increíbles para cualquier persona con un mínimo de sentido común aplicado a la justicia. Mucho antes del caso Dreyfus, la Biblia había descrito dramáticamente la condena inicua del inocente en la figura de la casta Susana.

Según el relato del libro de Daniel el pueblo acaba arropándola, cuando estaba a punto de lapidarla. No sabemos qué habría sucedido en Australia, si no se hubiera decretado el confinamiento; pero noticias de la absolución por el Tribunal Supremo como la de AFP ?incompatible con un mínimo de profesionalidad periodística- habrían justificado, si no promovido, la sinrazón de la protesta contra el cardenal.

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