Opinión

No quedan palabras

Por
  • ILDEFONSO GARCÍA-SERENA
OPINIÓNACTUALIZADA 09/06/2020 A LAS 02:00

Se agotaron las palabras. De tanto usarlas se cansaron de contarnos lo que estaba pasando, el miedo al futuro, las muertes. Hubo que inventar otras maneras de expresar el agradecimiento. Tuvimos que recurrir a los gestos, a los aplausos, a los abrazos invisibles, a los besos al aire. Nunca nos sentimos tan pequeños y nunca fue tan grande la tristeza. Confinados, no pudimos ver los campos de batalla, lo que sucedía tras los muros. Nos quedamos sin voz, sin adjetivos para describir la tragedia mientras las calles de nuestros pueblos y ciudades se vaciaban. Detrás de las estadísticas se filtraba un reflujo de dolor, recrecido por la crueldad de hacer invisible la muerte, sin una despedida. Ya lo dijo el viejo Platón: "No hay mayor causa para llorar que no poder llorar". El espacio en blanco en las cuartillas sustituyó a las palabras porque a veces no hay nada que decir. Fui consciente del peligro de la pandemia que llegaba. Hacía pocos meses que había publicado la novela en la que se relataba la inmensa angustia y los esfuerzos del boticario Leovigildo ante el contagio por la gripe española de 1918 y sus efectos en su propio hijo. En Zaragoza los muertos se contaron por millares y hubo que ampliar el cementerio de Torrero.

Pero esta de ahora pasará y nos ha de dejar un porvenir. Podría ser despiadado. Sin embargo, lo bueno de cualquier futuro es que es posible que no sea tan malo como imaginamos. No será nada fácil superar una gran caída del PIB, pero hay oportunidades nuevas que se han creado. La trasformación digital se ha acelerado brutalmente, por lo que hemos avanzado años de golpe. Este crack tecnológico está cambiando la industria, los servicios y el comercio. Es una formidable esperanza. La nueva manera de comunicarnos vía Internet, eliminará muchas barreras que hoy separan a las ciudades del mundo rural; y eso probablemente será un paso importante de nuevas maneras de vivir y trabajar. Es una oportunidad de oro para la España vaciada.

En tercer lugar, de nuevo caminamos hacia una nueva arquitectura política de Europa. Ahora no se trataría únicamente de "solidaridad"; significa construir unidos. En cuarto lugar, hemos visto que urge acelerar las reformas de la economía española. Si en la crisis de 2008-2015 conseguimos que miles de empresas se pusieron a exportar, convirtiéndose España en una de las economías más abiertas del mundo, ¿por qué no hacer ahora otros cambios como el de concentrar nuestras empresas medianas? Se dotarían de mayor tamaño y capacidad competidora y serían mucho más fuertes, porque los desafíos lo son. Y también es urgente actuar con las administraciones públicas, cuya baja productividad nos tiene anclados a la cola de los países del mundo, lo que es una costosa rémora, inaceptable.

Hay un océano de oportunidades en la industria en torno a las energías renovables, una vieja idea que se abandonó en España hace unos años y que era muy coherente con el país, la geografía y la climatología que tenemos. Fue una lastima.

Otras necesidades pidiendo paso son los servicios de colaboración publico-privada especialmente los educativos, sociales y asistenciales. Hay otros dos yacimientos aun por explotar: la formación profesional de calidad y la trasferencia de conocimiento de la universidad a la empresa. Todo es ponerse.

España resiste bien la adversidad. Somos cervantinos y correosos, tal vez algo criticones e inconformistas; pero no sufrimos de insolidaridad ni la hipocondría colectiva de otras latitudes, de otros países, ese pesimismo que paraliza a las masas y asusta creando caparazones y desunión – y que en el pasado precipitó en lluvia negra, las grandes guerras . El pesimismo es lo que menos necesitamos. Nuestros políticos se van a tener que poner a trabajar, o no quedará títere con cabeza. La única verdad es que el futuro es impredecible. Apuesto a que habrá un fuerte traqueteo al principio y que el cambio será fuerte y acelerado. No nos quedan palabras, pero nos queda todo el futuro. No perdamos tiempo.

ILDEFONSO GARCÍA-SERENA

Autor de "El Hijo del doctor" (Vegueta, 2019)

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