Opinión

Un santo aragonés

Por
  • CONCHITA DEL MORAL HERRANZ
OPINIÓNACTUALIZADA 16/06/2020 A LAS 02:00

El día 26 de junio de 1975 te fuiste al cielo y quiero felicitarte como cada año. Augurone; después de una reunión familiar con chicas de los cinco continentes, nos hablaste como siempre del amor al Papa, de fraternidad, de cariño a nuestros padres, de respetar las costumbres de otros países, siempre que fueran nobles. Recuerdo como escuchaste a una japonesa y le decías que le costaría adaptarse a las comidas, que fuera sencilla y dijera lo que no le gustaba, porque nunca las había comido y que poco a poco se iría acostumbrando.

Al poco tiempo de la reunión te sentiste indispuesto, desalojamos la sala de estar. Mientras permaneciste ahí sentado trataste de despreocuparnos diciendo, tranquilas que esto se va pasando, cuando te recuperaste un poco, dijiste ya voy mejor me marcho a Roma, es donde vivías y estábamos en Castelgandolfo, pueblo cercano, todo el rato al despedirte nos pedías perdón por la molestias que decías nos habías ocasionado, Valen y yo quisimos acompañarte hasta la salida y siempre tengo presente tu última mirada era jueves, nos diste la bendición, las gracias y mirándonos con afecto añadiste, "adiós,hijas mías". Qué lejos estábamos nosotras que dentro de poco ya tenías las puertas del cielo abiertas de par en par para recibirte Dios y la Virgen a quien tanto amabas, como siervo bueno y fiel y desde ahí sigues ayudándonos se nota.

Eras aragonés de una pieza, como los de tu tierra nobles, sinceros, agudícos, como solías decir.

Naciste en la Noble y Leal Ciudad de Barbastro en una familia cristiana. Nos inculcabas el amor y delicadeza que hemos de tener con nuestros padres.

Quiero resaltar algunas de tus virtudes. Tu amor a la Iglesia al Papa a los obispos y a todas las personas. Te he oído decir muchas veces ¿Por qué no puedo ir del brazo de otro que piense diferente Le podré aconsejar, pero nunca coaccionar.

Visitabas a los enfermos, los consolabas, les ayudabas también materialmente.

En cuanto a las personas que pertenecían a la Obra que tu fundaste por querer Divino y se trasladaban a otros países les aconsejabas que ayudaran a aquellas gentes, en México se abrieron dispensarios, escuelas etc.

En la Obra caben todos los que Dios les llama por ese camino, ricos, pobres, sanos, enfermos, obreros, profesores, empleadas de hogar, pues se trata de santificar el trabajo ofreciéndolo a Dios, bien hecho, sin chapuzas y tratar de acercarle muchas almas. Comentabas: "Todo trabajo es un encuentro con Cristo".

De nuevo felicidades y gracias.

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