Opinión

Lo que el viento no se ha llevado

Por
  • JULIA NAVARRO
OPINIÓNACTUALIZADA 17/06/2020 A LAS 02:00

Sin duda el asesinato de George Floyd ha constituido un revulsivo contra el racismo y está enfrentando a la sociedad norteamericana a sus propias contradicciones. Y es alentador que millones de personas en todo el mundo tomen conciencia del cáncer del racismo al que naturalmente hay que combatir. Pero el racismo no se combate derribando estatuas ni prohibiendo "Lo que el Viento se Llevó", ni intentando ignorar o rescribir la Historia.

Por eso nunca imaginé que sentarme ante el televisor y poner un DVD para ver "Lo que el Viento se Llevó" iba a ser algo a contracorriente. Pero lo he hecho, sí, lo confieso. Y aún es más grande mi falta: me sigue gustando esta vieja película.

Quiero dejar claro que además no tengo propósito de enmienda. Es decir que seguiré viendo "Lo que el Viento se Llevó" y que no pienso renunciar a uno de mis mejores planes durante las vacaciones de Navidad que consiste en quedarme una tarde de sábado en casa, tumbada en el sofá, con una taza de chocolate y un pedazo de roscón viendo esa película.

Y si voy a seguir haciéndolo es porque no pienso contribuir a alentar a los nuevos censores, a esos que han decidido que derribando estatuas y prohibiendo películas van a cambiar la Historia.

Los nuevos censores parecen pretender evitar que nosotros, ¡inocentes de ciudadanos del siglo XXI! somos tan tontos que podemos llegar a idealizar la sociedad que se retrata en esa película en vez de darnos cuenta que lo que en ella se dilucidaba era la lucha entre el Norte y el Sur, entre una sociedad racista y caduca frente a una sociedad donde todos los hombres eran iguales independientemente de su raza.. Eso sí, parece que están dispuestos a dejarnos ver la película con una explicación previa sobre los males de la sociedad racista que es lo que era (y buena parte aún lo es) la sociedad norteamericana.

Porque es una realidad, el racismo existe, está ahí, a la vuelta de la esquina, y es una de las asignaturas pendientes en Estados Unidos, pero no solo allí.

Lo cierto es que en los últimos años los nuevos censores, los adalides de lo políticamente correcto, esas almas sensibles, pretenden imponernos lo que debemos de leer, qué cuadros y películas podemos ver, y desde luego nada de poder acercarnos a obras de novelistas, filósofos, pintores, escultores, cineastas, etc, que nos sean un dechado de virtudes morales de acuerdo a los cánones del siglo XXI, no vaya a ser que sus vidas disipadas puedan ser una mala influencia para nosotros.

Supongo que un día de estos querrán prohibir que veamos "Casablanca" porque Humphrey Bogart no para de fumar y es un mal ejemplo, claro que lo mismo tampoco podemos volver al teatro a ver Otelo porque a quién se le ocurre nada más que a Shakespeare que Otelo tenga la piel oscura y además humille y maltrate a su mujer... Y ojo con volver a ir al Prado y pararse ante la Maja Desnuda de Goya ¿no se han dado cuenta de que el desnudo cosifica a las mujeres?. Puede que los nuevos censores serán fervientes admiradores del Papa Pío IV que ordenó cubrir los desnudos de la Capilla Sixtina ya que Miguel Ángel tuvo la ocurrencia de mostrar desnudas algunas de las figuras de la famosa capilla.

En fin que la censura siempre limita con la estupidez y sobre todo es un asalto a la libertad de creación y por tanto a las libertades en general y un intento de infantilizar a los ciudadanos. Los censores deben de suponer que ver "Lo que el Viento se Llevó" puede llevar al personal a ser racista, y el ejemplo de Bogart fumando nos condena al cáncer de pulmón, y los desnudos de la Capilla Sixtina nos puede trastocar la moral y provocarnos quién sabe si malos pensamientos.... Por eso me parece admirable la reacción del Presidente Macron ante la oleada de salvajismo de quienes creen que derrumbando estatuas pueden vengarse de la Historia. En un discurso solemne Macron ha dejado dicho que en Francia "La República no borrará ninguna huella ni ningún nombre de su Historia, ni olvidará sus obras ni retirará sus estatuas".

A mí esos fanáticos puritanos que quieren borrar la Historia y que lo mismo derrumban estatuas que prohíben películas me recuerdan a los talibanes que destruyeron los Budas de Bamiyan.

No sé ustedes pero no conozco a nadie que se haya convertido en racista viendo "Lo que el Viento se Llevó" ni que sea un maltratador por ver el Otelo de Shakespeare, ahora bien sí creo que los nuevos censores son un peligro público. Cuidado con ellos.

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