Opinión

El Felipismo con su guarnición

Por
  • MODESTO ARJONA ORTIZ
OPINIÓNACTUALIZADA 03/07/2020 A LAS 02:00

Felipe González, junto a Fraga, Carrillo, Gutiérrez Mellado, Suárez y otros consiguieron llevar a España de una dictadura a una democracia sin derramamiento de sangre. Bien. Precio: Ley de amnistía de 1977. En febrero de 1981 hubo un intento de golpe de Estado. El pueblo español contuvo la respiración hasta que el rey, ya de madrugada y con el pijama debajo de la guerrera de Capitán General, emitió un comunicado desautorizando la intentona golpista, cuando ya los militares habían decidido no secundarla por razones que solo el tiempo irá descubriendo.

En ese contexto previo, es momento de decir que la verdadera transformación de este país en los últimos cuarenta años no la han protagonizado esos prohombres de la política, sino el civismo de la ciudadanía de la que emergieron miles de alcaldes y concejales socialistas "y de otros partidos" que, a base de esfuerzo, dedicación y mucho sentido común, modernizaron infraestructuras, consolidaron derechos y sentaron las bases del Estado de bienestar. ¿Quién no recuerda la humanización de Madrid con Tierno Galván o la promoción del cine y el deporte en Huesca con José María Escriche Ahí estuvo el milagro. A todos ellos les debemos gratitud y reconocimiento, no siendo justo que ese mérito se le adjudique exclusivamente al PSOE. Es más; aunque la política era en ese tiempo una ocupación mayoritariamente masculina, es momento de recordar a las veintisiete parlamentarias de la Legislatura Constituyente que hicieron aportaciones importantes para mejorar el texto constitucional y a Pilar Pulgar Fraile, primera alcaldesa de la democracia en la localidad onubense de Palos de la Frontera, formando parte de una agrupación lista electoral independiente en las primeras elecciones municipales democráticas de 1979.

El felipismo, conocido en Aragón como "marcelinato", es una formulación política ya sobrepasada por el tiempo y que no tiene legitimidad para criticar al actual Gobierno de coalición. Ninguna. Y menos en clave de mofa. Otra cosa es tomar un café con los amigos. Felipe González hizo todo lo posible por defenestrar a Sánchez en las primarias socialistas y Huesca fue una de las pocas provincias españolas que también apostó por Susana Díaz. El ínclito Javier Lambán también se quedó con el culo al aire, pero no lo levantó del sillón. El expresidente debería ser más cauto porque cada vez que habla deteriora un poco más un legado político con más luces que sombras, pero con episodios muy oscuros que hacen que se le esté volviendo en su contra.

Pedro Sánchez, con aciertos y errores, marca una nueva etapa en el socialismo español. Como todo político que se precie de serlo, aspira a gobernar porque desde el Gobierno es más fácil mejorar las condiciones de vida de la gente. También ha sabido ver, por fin, que el voto progresista en este país está fuera de su partido; que el PSOE, en sí mismo y por sí solo, representa a una izquierda oficial, apoltronada, con tendencia al bipartidismo y que aporta muy poco para dar salida a la compleja realidad actual.

Nada fortalece tanto la autoridad como el silencio (Leonardo da Vinci).

Respetuosamente...

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