Opinión

¿Qué hay de lo nuestro?

Por
  • LUIS GARCÍA NÚÑEZ
OPINIÓNACTUALIZADA 06/07/2020 A LAS 02:00

Hace ya un buen tiempo que vengo oyendo decir que el idioma español es, junto con el inglés, los que más se hablan en el mundo. Que con ellos nos podemos entender sin apenas dificultad, aunque en ocasiones tengamos que utilizar el "chapurreau".

Eso está bien, pues no es menos cierto aquello de que hablando se entiende la gente, incluso a través de gestos, o de silbos, como en alguna parte de las Islas Canarias, un idioma curioso en que nuestro interlocutor se encuentra a kilómetros de distancias. Es otro modo de entenderse.

El mundo, a la postre, es un pañuelo en donde todos nos encontramos por el azar de la vida. Algunos con más asesores que pelos en la cabeza. A los pobrecicos no les ha dado la vida para más. Yo, ahí lo dejo. Los demás tenemos que valernos de lo que tenemos más a mano.

Y qué más cerca que nuestras propias manos, incluso la cabeza, en donde, por ejemplo en India, para asentir, para decir que sí, mueven la cabeza de derecha a izquierda, aunque nos hace confundir porque estamos interpretando que no, pero quieren decir que sí. Pero bueno, esas son situaciones muy concretas, anecdóticas, diríamos. El caso es que desde hace ya algún tiempo, le ha dado al personal -extiéndase a los ámbitos que les parezca- como utilizar casi exclusivamente términos ingleses, especialmente, amén de otros idiomas, para determinar acciones, situaciones o nombres de productos. El mimetismo se encargará de lo demás. De ponerlo de moda para no caer en lo arcaico.

Siempre se ha dicho que maestro es aquel personaje, por cierto tremendamente importante en la vida y especialmente para los alevines que vienen detrás, que es el que enseña, y de ahí la importancia del maestro. Bueno, no se les ocurra utilizar eso de "maestro", si no quiere que lo tilden de anticuado, o cosa peor.

Si quiere usted ser in, o lo que según algunos dicen? moderno, deberá utilizar la palabra coach. Este es uno de los casos más en moda, pero los hay a cientos, especialmente cuando se trata de adquirir productos de toda índole, aunque estén elaborados en España (observen que no digo "este país"), y que precisamos para el aseo personal, la cocina, la alimentación, etcétera.

Por eso, si no quiere que lo tilden de "gilipuertas" y anticuado, utilice los nuevos términos para designar las cosas. Es broma, no me hagan caso y llamen a la cosas por su verdadero nombre. Y hasta aquí puedo escribir.

Saludos amigos lectores de este nuestro periódico.

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