Opinión

Sociología para la salud

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  • Diario del Altoaragón
OPINIÓNACTUALIZADA 12/07/2020 A LAS 02:00

Sorprenderse es engañarse. Entre los antiguos sabios griegos, Hesíodo expresó la dualidad del ser humano con capacidad paralela de simular la mentira bajo el manto de la verdad o proclamar la esencia de la última. El lenguaje y los sesgos cognitivos contribuyen a desvelar las raíces de los problemas y también a ocultarlas. En el actual estado de confusión, nos preguntamos absortos las razones auténticas de los comportamientos de colectivos o individuos en una pandemia que ha asaltado a millones de pacientes y centenares de miles de víctimas mortales. Y las conclusiones, en demasiadas ocasiones, no se corresponden con un análisis reflexivo y crítico.

De soslayo, constatamos las estadísticas y no profundizamos en sus causas, que son tan múltiples como hondas. Aplicar recetas epidérmicas no cura una enfermedad en la que confluyen las patologías y también la sociología. Es el caso de los brotes en los escenarios en los que concurren muchos temporeros y otros profesionales que acuden ante la demanda de mano de obra con la pretensión de hacer "granero" personal y familiar, con el objetivo casi único del ahorro para la subsistencia y para el futuro. Apreciar su realidad y sus movimientos nos ayudará a prescribir la fórmula magistral para que todo el verano de recolección en los campos no se convierta en un sobresalto continuo. Se ha concentrado el punto de vista en términos laborales -legítimos cuando alguien incurre en irregularidades- y se ha obviado que las condiciones de convivencia son más influyentes en el estado sanitario. Y ahí es donde han de incidir todas las administraciones, con acuerdos con los agentes económicos y sociales, para minimizar las sorpresas, que es tanto como aplicar los remedios para no llevarnos a engaño. Adelantarse a toda contingencia.

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