Opinión

Prevenir para combatir la adversidad

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  • Diario del Altoaragón
OPINIÓNACTUALIZADA 22/07/2020 A LAS 02:00

De retorno a los días más oscuros, los profesionales de la información esperamos con angustia los datos de la jornada. Ayer, con alivio, constatamos el respiro en la estadística del Salud, con la esperanza de que la tendencia revierta la incertidumbre. No hemos evolucionado bien en España ni en nuestro entorno altoaragonés y regional. Como si, en la debilidad de la memoria que es signo de estos tiempos, se difuminaran las imágenes de un pasado que el ventajismo amnésico ha convertido en trampantojo porque lo inmediato parece remoto. Y, sin embargo, esta arremetida del virus, que no es postrera sino intermediaria presumiblemente, ha de hacernos reflexionar porque, como expresó Séneca hace veintidós siglos, cuando se está en medio de la adversidad ya es tarde para ser cautos. Y, entonces, llega el llanto y el rechinar de dientes, en versión evangélica.

Los pretextos son los cómplices de los perezosos, de los falsarios y de los remordimientos. Y da igual que los pronuncien los más altos gestores de lo público o el ciudadano que, como tal, tiene en su catálogo natural derechos, libertades, deberes y responsabilidades. Sin exclusiones. A las administraciones, les exigiremos que actúen y que se adelanten a los acontecimientos, con la máxima ilustrada de Erasmo de que mejor es prevenir que curar. Pero, como individuos, devaluamos hasta el extremo nuestra propia esencia cuando renunciamos a nuestro libre albedrío que, en su ejercicio, incorpora la autoexigencia ética de contribuir a la comunidad con nuestro mejor desempeño y nuestra máxima solidaridad. Respetar y respetarnos, porque prescindir de nuestra integridad es reducir nuestra dimensión. Seamos precavidos y cumplidores para no llorar nuestra falta de sensatez. Baltasar Gracián lo dijo: para los prevenidos, no hay acasos.

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