Opinión

Pequeño paraíso oscense

Por
  • TOMÁS MOYANO BONEL
OPINIÓNACTUALIZADA 26/07/2020 A LAS 02:00

Queridos lectores y amigo Amonasro, el abajo firmante tiene en el pre-Pirineo oscense una humilde propiedad rural, la cual lleva tiempo sin visitar. La propiedad tiene magníficas vistas al Pirineo oscense y a San Juan de la Peña, y está ubicada en un diminuto pueblo de un hermoso valle repleto de arboleda y campos de labranza. El erizón de la familia de las fabáceas, también conocido como el asiento del pastor, tiene en este tiempo caluroso un colorido amarillo de lo más llamativo. Es un arbusto que, año tras año, va apoderándose del monte cubriendo sendas poco transitadas. El pueblo se encuentra emplazado sobre un llano a 690 metros de altitud junto al río Matriz, corto afluente del Gállego cuyas pozas y toboganes son magníficas para refrescarse durante el verano.

La primera mención histórica del pueblo aparece en un documento perteneciente al Monasterio de San Juan de la Peña, fechado éste en el año 1014, hace ya más de diez siglos y que fue señorío nobiliario. Desde la plaza le llega al que suscribe la llamada de su casa con toda claridad. Es perentorio acudir puesto que había sido muy feliz en ella y está feliz con él y le echaba de menos sin remordimientos ni reproches y deseaba disfrutar de su presencia de nuevo. Una vez dentro la congoja, al ver la desolación del interior y un polvo denso por todas parte, se manifiesta con un sollozo muy adentro que pronto fluye al exterior como escape apasionado. Era la casa que levantó poco a poco de unas ruinas con antiguas figas desparramadas por doquier y que aprendió a amar pero que abandonó y se olvidó de la placentera vida rural que ésta le había proporcionado junto con las espléndidas vistas de las montañas y de los campos de labranza. Terminada la vista, va germinando la decisión de volver a ocupar la propiedad y disfrutar de nuevo de este pequeño paraíso oscense en todo su esplendor.

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