Opinión

Coche del pueblo o del capital

Por
  • DANIEL VALLÉS TURMO
OPINIÓNACTUALIZADA 28/07/2020 A LAS 02:00

Mi abuelo Antonio le compró el Ford T con matrícula HU-146 al ingeniero de Iberduero que vivía en la Lafortunada, mientras estaban construyendo la presa hidroeléctrica (lo había comprado en 1921), cuando se compró uno nuevo en 1929.

Era un coche que sólo tenía una herramienta y que podía ir por todo tipo de caminos sin temor a tener averías. Apenas tenía 20 caballos, pero era un coche pensado para durar. Se vendieron muchos millones de unidades.

Lo mismo sucedió con el Volkswagen Escarabajo, el coche del pueblo, que se diseñó para durar. Y vaya que lo hizo, se vendieron decenas de millones de unidades en Alemania y en todo el mundo durante los años 40 a 60.

Lo mismo sucedió con muchas marcas de coches como el Opel Corsa que se fabricó en Zaragoza desde 1982. Yo lo dejé con medio millón de kilómetros y aún lo vendí. Eran coches para durar, para hacer que la población se hiciera adicta al uso del automóvil. No tenían electrónica.

Pero, todo cambia con la llegada de la electrónica y "el cambio climático" donde los coches se vuelven más electrónicos y, por ello, con más facilidad de averías. Por supuesto, caras.

Por aquello que ya no se repara, sino que se cambian bloques enteros. Por eso son más caras las averías. Es más difícil arreglar que diagnosticar que bloque está averiado y cambiarlo.

Yo había vivido la bomba del ordenador Macintosh de Apple en 1984 cuando, de repente, dejaba de funcionar y salía la temible bomba en la pantalla, que hacía que tuvieras que iniciar el ordenador. Eran sistemas no estables.

Lo mismo sucedió muchos años con las primeras versiones del sistema operativo Windows en los 90, que también dejaban de funcionar de repente. No dejabas de guardar temeroso de perder el trabajo realizado.

Siempre había bromeado que un coche se compartiera de una forma similar, hasta que lo he vivido en mi último coche, con mensajes de error diciendo que en determinados kilómetros dejará de funcionar.

Te sientes con la misma ansiedad que cuando temías que el ordenador se colgará en cualquier momento y estabas continuamente guardando el trabajo realizado. Tienes que ir al concesionario cuanto antes. No basta con resetear, como en el ordenador.

Los sistemas anticontaminantes y los sistemas eléctricos hacen que el coche sea más electrónica que mecánica. Ello, hace que los coches parezcan naves espaciales en su uso, pero son más inestables que los primeros coches.

Nos encontramos ante una generación de coches pensados no para durar, sino para consumir. Son coches del capital, para pagar por uso, porque no tienen valor como elemento de inversión. Están pensados para el cambio cada poco tiempo, basados en la continua innovación.

Ya no se tienen en cuenta los periodos de prueba del producto. Lo que importa es el lanzamiento anual por la novedad. Por ello, hemos visto, también, fiascos en famosas marcas de telefonía móvil.

Tampoco estamos hablando de "obsolescencia programada", porque es innovación continua sin saber su estabilidad. Como mucho, se han realizado modelos matemáticos de duración.

Esto supone un cambio de modelo drástico en todo el ecosistema del mercado del automóvil, desde el fabricante, el concesionario, la financiera y el consumidor. El coche ya no es una propiedad, sino un servicio.

Los propietarios de las instalaciones productivas ya no son empresas, sino fondos de inversión (lo mismo que ocurre en otros sectores). Lo mismo sucede con la propiedad de los coches, que tienden a que (aparentemente) sean más baratos si los compramos financiándolos o mediante renting.

Parecido ocurre con el mantenimiento, que ya se va incluyendo en la cuota "de uso", por lo que los talleres acaban siendo dependientes de las grandes empresas financieras que son propietarias de los automóviles.

De modo que "el modelo de negocio" de todo el sector está cambiando muy rápidamente, con la consiguiente adaptación de todos los participantes en la cadena de valor.

De momento, esta es la dirección que está tomando el sector del automóvil, hasta que haya otro cambio en el modelo de negocio.

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