Opinión

Maestros en territorio ignoto

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  • Diario del Altoaragón
OPINIÓNACTUALIZADA 01/09/2020 A LAS 02:00

En la más acendrda tradición socrática de la mayéutica, los maestros llegan hoy a los colegios para extraer, junto con los alumnos, las respuestas para lo que en estos momentos no tienen sino preguntas. No tienen las evidencias con las que, en el método, van tirando de los contenidos que están latentes para que los estudiantes descubran la verdad. Desde hoy, y durante un tiempo indeterminado, la escuela española se enfrenta a una asignatura pendiente en la que se combinan las dificultades estructurales de un sector insensatamente infravalorado no sólo por las instituciones, sino incluso por la propia sociedad a pesar de que, en su desempeño, estriba el futuro que sepamos construir entre todos.

Al igual que sucedió con los sanitarios y otros profesionales en los albores de la primavera de destrucción y tristeza que lloramos con el consuelo de las ovaciones desde nuestros balcones -nuestro espacio de apertura al mundo de un larguísimo trimestre-, surgirá la analogía bélica, quizás -tal vez sea un deseo- no con la virulencia de entonces: el profesorado y todo el cuerpo educativo (padres incluidos) son enviados al frente sin otras armas que las que puedan proveerse a sí mismos. Sustituyamos el término guerrero por el de herramientas, y la primera de las carencias que suscita los miedos es la insuficiente planificación, mal atávico e inercial en nuestro sistema. Ayer mismo se producían notificaciones a los eventuales, los interinos. Un mal ejemplo.

Y, sin embargo, "alea jacta est". La suerte está echada y al mérito de costumbre de estos profesionales se suma en este final del verano de 2020 el del valor, el arrojo y, sobre todo, la vocación. Con fortuna -que anhelamos-, la afección sanitaria puede ser escasa. Pero en su hoja quedará indeleble este gran servicio.

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