Opinión

Un santo de nuestros tiempos

Por
  • CONCHITA DEL MORAL HERRANZ
OPINIÓNACTUALIZADA 26/09/2020 A LAS 02:00

San Josemaría, felicidades porque por el querer de Dios el día dos de octubre fundaste el Opus Dei, Obra de Dios año 1928, eras un joven sacerdote, tú tenías otros planes, pero fuiste dócil al querer Divino y comenzaste a vivir los planes trazados por el Creador. Mucho tuviste que sufrir, era algo tan nuevo para las personas, aunque era viejo como el Evangelio, Jesús lo vivió, un trabajador fiel y preocupado por los demás, su meta era llevarlos al Cielo a través de su trabajo diario. Así lo enseñabas tú, solías decir, "todo trabajo es un encuentro con Cristo". Claro, se entiende que todo trabajo bien hecho, y cito una frase tuya en tu libro "Amigos de Dios": "El Señor os quiere santos en el lugar donde estéis, en el oficio que habéis elegido por los motivos que sean, a mí todos me parecen buenos mientras no se opongan a la ley divina, y capaces de ser elevados al plano sobrenatural, es decir, injertados en esa corriente de Amor que define la vida de un hijo de Dios".

Así lo vivías y enseñabas a todos. Por eso en la Obra que fundaste caben todos, que Dios les dé esa vocación de santificarse en medio del mundo, ricos, pobres, sanos, enfermos, cultos, menos cultos, todas las razas, con tal que luchen para ofrecer todo a Dios y le acerquen muchas almas, y santificarse con su tarea.

Claro, la idea de entonces era que la persona que quisiera amar más a Dios tenía que ser fraile o monja, tú los amabas mucho y así lo has inculcado a los que te hemos seguido, de hecho los hay que cooperan con su oración y así mutuamente unos por otros.

Había personas que te trataban de loco y tú con tu gracia solías decir: "Tienen razón, loco de amor a Dios". Y aunque fuiste tan calumniado, nunca perdiste el buen humor. Ya escribiste en tu libro "Camino": "Si salen las cosas bien, alegrémonos bendiciendo a Dios que pone el incremento. Salen mal, alegrémonos, bendiciendo a Dios que nos hace participar de su dulce Cruz".

Todos los que pertenecemos a la Obra que tú fundaste te llamamos Padre y qué padre; ¡cómo te preocupabas de cada uno! Atendías a todas las personas que se acercaban a ti, les ayudabas en todo lo que podías, a nuestros padres, hermanos... Tengo un detalle personal que cuento, enfermó mi madre, yo estaba en Roma y, en cuanto te enteraste, tú mismo me conseguiste el billete para el primer avión que saliera; me dijiste, "estate con ella mientras te necesite", y me diste la bendición y un dulce típico de Italia para mis padres, ya que viajaba a España, me dijiste "no estarán para bromas, pero te lo doy con mucho cariño".

Otra cosa que nos inculcaba era el amor al Papa, a los obispos y a todo el mundo aunque pensara diferente que nosotros, a veces decía: "yo podré dar un consejo, pero nunca coaccionar".

Gracias, san Josemaría y Auguri que estás en el Cielo junto a Jesús y a la Virgen a la que tanto querías y le rezabas por todo el mundo. Y gracias también porque hay tantas personas que han encontrado su felicidad en este camino.

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