Opinión

El hijo del Tcol

Por
  • JAVIER GARCÍA ANTÓN
OPINIÓNACTUALIZADA 02/11/2020 A LAS 01:00
El hijo del Tcol
El hijo del Tcol
E.P.

Acudía mi primo ufano a entregarle las notas a mi tío Dorín (apelativo de los sobrinos). De diez, nueve aprobados. No estaba mal. El teniente Escribano 2 (el 1 era mi padre) le recriminó el suspenso, a lo que el rapaz encontró rápida respuesta: "¡Anda, si el hijo del teniente coronel ha suspendido tres!" Claro, ser vástago de un jefe obliga, en la interpretación al caso, más que serlo de un mero oficial. Mi tío, bromista por naturaleza y recaudador de chistes -con desigual fortuna, claro-, se quedó en la duda de si Peret estaba en lo cierto y era preferible reír que llorar... aunque el enojo corroyera las entrañas.

El refrán "mal de muchos, consuelo de tontos" constituye la expresión más palmaria de la mediocridad, cuando no de la maldad. Un buen cura, hace unos cuantos años, me decía que cuando alguien se pregunta sobre otro si es más tonto o más malo, tiene en el interrogante la respuesta: tonto y malo.

Cuando contertulios se amparan, para explicar nuestras desgracias actuales, en la extensión planetaria del virus e incluso de sus consecuencias económicas funestas (salvo los chinos, a los que otro día me referiré), en realidad están atribuyendo a nuestros mandatarios (muchos a diferentes escalas y con poca distinción de olores, porque ahora gobiernan o respaldan todos) una incompetencia inhabilitante para sus cargos.

Nadie salva una empresa, una organización o a un individuo fijándose en las inepcias del resto (que por cierto proporcionalmente son inferiores estadísticamente a las nuestras), sino con una introspección meticulosa, serena y sin miedo, y si acaso la observación de sus fortalezas. Focalizar en el mal de muchos nos hace solo tontos. Sin consuelo. Y sin remedio.

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