Opinión

¿Hacia dónde camina Aragón?

Por
  • DAVID LÁRAZO AGUILERA (SECRETARIO GENERAL DE OSTA)
OPINIÓNACTUALIZADA 06/11/2020 A LAS 01:00

Han pasado varios días desde la celebración del debate del estado de Aragón y ha quedado evidente lo que una parte de la ciudadanía aragonesa ya nos esperábamos, fue un debate sin contenido, sin propuestas y con rumbo a ninguna parte.

En el debate no hubo Gobierno, pero tampoco oposición, es más, se vieron varios guiños del presidente de Aragón a partidos políticos que han defendido la supresión o recortes en las autonomías.

En el transcurso del debate resulta curioso que sobresalieran palabras como Autogobierno, pactos y unidad, aunque no sabemos muy bien con qué finalidad. Se echó de menos escuchar más las palabras reconstrucción, reindustrialización, gestión de las residencias, de la sanidad, la educación…, todo ello mientras los datos sanitarios son muy preocupantes y la gestión de la pandemia es más que discutible.

Se repite la historia. Cuando no sabemos de qué hablar, hablamos del tan ansiado Autogobierno, siendo más sorprendente si cabe hablar de Autogobierno en este momento donde el Estado español ignora y menosprecia a los y las aragonesas en su borrador de Presupuestos Generales del Estado.

Deberíamos hablar de Autogobierno, pero con mayúsculas, y eso solo es posible con mayor representación aragonesista en Madrid, exigiendo y realizando una propuesta seria de fiscalidad para nuestro País, o lo que es lo mismo, la creación de una Hacienda propia, lo que garantizará unos servicios públicos acordes a nuestra realidad, ¡Ah! y por cierto, esto lo permite el Autogobierno del que tanto se habló, a través del desarrollo de nuestro Estatuto.

Creo que todo esto no sucederá, pero lo que es peor, ni siquiera se intentará y como decimos los sindicalistas: "Donde no se pelea, se pierde seguro".

Sobre pactos y unidad, solo cabe esperar que esto no sea otra copia de la tan cacareada estrategia aragonesa para la recuperación social y económica, donde solo hubo foto y beneficios para algunos de los participantes (público es el decreto con las subvenciones a la patronal, agentes sociales, asociaciones empresariales y sus importes) y por supuesto al grupo PSA, olvidándose de otras empresas y sectores aragoneses que también hacen marca Aragón.

Mientras se desangra nuestra economía y los datos de desempleo siguen creciendo, muchas empresas siguen de ERTE y los autónomos siguen bajando persianas, el tejido industrial se resiente, el presidente del Gobierno de Aragón parece más ocupado en lo que pasa en la política estatal, que lo que sucede en nuestro País.

En este debate han faltado las propuestas para poner en marcha el día siguiente de la finalización de esta pandemia; un plan industrial para Aragón, cómo va a quedar nuestra red de asistencia sociosanitaria, cómo vamos a mejorar la calidad de vida y los servicios en nuestros pueblos, la educación, la sanidad y las condiciones del personal sanitario, o qué inversiones e infraestructuras necesitamos para vertebrar nuestro territorio.

Aragón debe cambiar de estrategia y de rumbo, es imprescindible apoyar a la Industria que echa raíces y vertebra nuestro territorio, porque el empleo que genera es más estable y de mayor calidad, lo que además favorece y repercute en el resto de sectores, lo que puede ayudar notablemente al turismo, la hostelería o el comercio, sectores muy castigados en los últimos meses.

Estamos a tiempo de evitar que sectores o empresas históricas como la térmica de Andorra, Ferroatlántica o Alumalsa agonicen o mueran y para ello es fundamental que el ejecutivo crea en que un Aragón industrializado es un Aragón más fuerte, dejando atrás la idea de que Aragón solo sea un territorio de servicios o un bellísimo destino turístico.

Nunca mejor dicho y haciendo un guiño a nuestro querido Canfranc, no podemos perder el tren y no podemos permitir que en la próxima legislatura solo Tomás Guitarte sea la única voz aragonesista en Madrid, porque el tiempo y legislatura tras legislatura, los partidos estatales solo nos dan migajas, para que no saquemos nuestra rasmia y alcemos nuestra voz.

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