Opinión

¿Hasta dónde van a llegar?

Por
  • JULIA NAVARRO
OPINIÓNACTUALIZADA 11/11/2020 A LAS 01:00
¿Hasta dónde van a llegar?
¿Hasta dónde van a llegar?

Yo creía que el CNI se dedicaba, entre otras muchas cosas, a combatir la desinformación puesta en marcha por algunos países. Les aseguro que estaba convencida de ello. Pero ahora resulta que el Gobierno, con la excusa de que hay que combatir a las llamadas "fake news", o sea noticias falsas, ha decidido "intervenir" por las bravas con un Decreto para que el todopoderoso Iván Redondo, junto al Secretario de Estado Miguel Ángel Oliver, se ocupen de que a los ingenuos españolitos de a pie no nos intoxiquen. Claro que el Gobierno se ha apuntado un tanto consiguiendo que desde Bruselas digan que no parece haber razones para preocuparse.

Bueno, no estarán preocupados los funcionarios europeos pero aquí los periodistas sí que lo estamos. Por algo será. En realidad es una vieja batalla del Poder, sea el que sea, de intentar controlar a los medios de información. Me temo que eso es lo que va a pasar por más que los miopes funcionarios europeos hayan decidido no verlo. Aunque vaya usted a saber si no lo ven o no lo quieren ver. En el juego de la política pasa de todo. En mi opinión, la mejor ley de prensa es la que no existe. Y si hay una información basada en una falsedad lo que hay que hacer es recurrir a los tribunales. En cuanto a las campañas de desinformación e intoxicación orquestadas por potencias extranjeras, vuelvo al principio, se supone que los servicios de inteligencia están para detectarlas y combatirlas. Menos mal que en este Gobierno tan peculiar que tenemos hay una ministra, la de Defensa, que suele poner los puntos sobre las "ies". De manera que Margarita Robles ha afirmado en "Espejo Público" entrevistada por Susana Griso que: "A ningún Gobierno, y mucho menos en democracia, le corresponde velar por lo que dicen los medios de comunicación". Y es que no hay democracia sin libertad de expresión, recordó la ministra de Defensa. Sería deseable que sus compañeros del Gobierno tomaran nota.

Lo que es para, sino reír, al menos sonreír, es la afirmación de la vicepresidenta Calvo asegurando que este Gobierno no tiene ni una mácula en relación a los medios de comunicación. Eso es tener una alta, e infundada, opinión, de lo que hacen porque le podría poner unos cuantos ejemplos a la señora Calvo sobre cómo se las gastan con los periodistas que no les hacen la ola. Pero verán, creo que los ciudadanos tenemos razones sobradas para preocuparnos precisamente porque nuestro Gobierno no conoce los límites y está forzando hasta lo indecible las costuras de nuestro sistema constitucional. Por ejemplo su intento de politizar, aún más, el Consejo General del Poder Judicial de los vocales con un sistema de elección hecho a la medida de sus intereses. O la prórroga nada menos que por seis meses del Estado de Alarma. O saltarse a la torera el artículo 3 de la Constitución suprimiendo el castellano como lengua vehicular de nuestro sistema educativo como pago por unos cuantos votos de los partidos independentistas que aprobaran los Presupuestos del presidente Sánchez. O la pretensión del ministerio de Hacienda de que se puede entrar en los domicilios y empresas cuando tengan sospechas de que los contribuyentes no cumplen como deben con sus obligaciones tributarias. No sé... pero eso me recuerda a lo de la tristemente famosa "patada en la puerta".

Y suma y sigue, por ejemplo el traspaso de las pensiones al País Vasco rompiendo la Caja Única. Pero es que el ministro Escrivá no se corta y, ya puesto, no ha dudado en arremeter contra el Gobernador del Banco de España Pablo Hernández Cos por disentir de las cuentas del Gobierno e incluso ha afeado a la Unión Europea sus pesimistas previsiones sobre la economía española. Por no hablar del proyecto de "ley trans" en la que por obra de birlibirloque las mujeres nos convertimos en "progenitor gestante" y "cuerpos menstruantes" entre otras lindezas. Nos borran en pro de una mal entendida política inclusiva. En fin, insisto, como sigan así las costuras de nuestro sistema terminarán estallando. Nuestro Gobierno no tiene límites y parece creer que el fin justifica los medios. El fin, claro está, es que Pedro Sánchez sea y siga siendo presidente. Ni más ni menos.

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