Opinión

Fuera mascarillas, no hace falta citar a ETA

Por
  • FERNANDO JÁUREGUI
OPINIÓNACTUALIZADA 13/11/2020 A LAS 01:00
Fuera mascarillas, no hace falta citar a ETA
Fuera mascarillas, no hace falta citar a ETA

El debate nacional, como tantas veces ocurre, se sale de madre, a mi juicio: voces dicen que pactar los Presupuestos con Bildu, con Arnaldo Otegi de árbitro, es pactar con ETA, con los herederos de la sanguinaria banda terrorista. Y no hace falta sacar a los pistoleros a relucir, como si estuviésemos de nuevo en la serie "Patria": la verdad es que ETA ya no existe y no tiene sentido agitar el espantajo de la pesadilla. No, no es preciso argumentar con los asesinos encapuchados para atacar un acuerdo con Bildu: la formación "abertzale" quiere desmembrar cuanto antes el Estado, va contra la idea de una España unida, de esta España.

¿No basta con eso para desechar cualquier acuerdo en torno a las cuentas generales que vertebrarán los próximos meses la acción del Estado? Estamos de nuevo ante el abismo. Ni Esquerra, ni Bildu, ni Junts per Cat, ni otros en el hemiciclo parlamentario, quieren esta España. Puede que quieran otra, la otra España. O ninguna. Pensar que se puede integrar a Puigdemont, a Otegi, a Rufián, por poner algunos nombres, en las tareas de la gobernabilidad del país, al menos del país tal y como lo conocemos hasta ahora, es algo ilusorio, una quimera: ojalá fuera posible, pero no lo es. Puede que Pablo iglesias, que sigue siendo el principal problema político de la nación, lo crea. O no, quién sabe lo que anida en su extraña y alborotada cabeza. De lo que estoy seguro es de que entre la mayor parte de la silente bancada socialista, y no hablemos de los "barones" territoriales, y no digamos ya entre los "veteranos" a los que representa Felipe González, las tesis son muy otras. Creo, y quiero creer, que Pedro Sánchez se alinea con la mayoría de su partido, y que las salidas de tono de la portavoz del grupo parlamentario socialista, la muy inadecuada para el cargo Adriana Lastra, no son sino un elemento anómalo más en la terriblemente anómala política española.

Hemos entrado como en un torbellino político, en el que las conversaciones "preferentes" con Bildu, o la bajada del IVA para las mascarillas, hasta ahora aparentemente prohibida por Bruselas, no son sino un "fuera máscaras" más que destapa a un Gobierno desesperado por sacar adelante los Presupuestos. No porque ello de alguna manera remansará las torrenteras de nuestra economía, sino porque permitirá a Pedro Sánchez sacar adelante la Legislatura. Algo que, contra las tesis oficiales del Gobierno, sospecho que nunca ocurrirá manteniendo como socio preferente a ese Pablo Iglesias que da la campanada en Bolivia con el Rey, que trata de boicotear el pacto con Ciudadanos, que hace enarcar muchas cejas en Bruselas y que mantiene un partido bajo sospechas variadas. Empeñado en el enfrentamiento entre las Españas, ahondando en la confrontación.

Pedro Sánchez es, hoy por hoy, el único presidente del Gobierno posible. Lo dicen los resultados de las elecciones de hace un año y, para lo que sirvan, lo dicen también las encuestas. Pero es el único presidente posible al frente de un Ejecutivo imposible, escindido a cada paso acerca de cada decisión importante que haya de adoptarse. Los de la coalición más extraña de la Historia vencerán sobre las enmiendas a la totalidad a los Presupuestos, los sacarán adelante, pero lo harán con quienes no conciben esta forma del Estado. Y así no convencerán a un país atónito, que ya ha dejado de entender cualquier cosa que se haga o deshaga desde los poderes, un país, ay, absorto en su propia supervivencia. Y así no avanzamos. ¿Hasta cuándo, Pablo, abusarás de nuestra paciencia?

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