Opinión

Monseñor Iguacen, un obispo diligente

Por
  • JOSÉ RAMÓN VILLOBAS SESÉ
OPINIÓNACTUALIZADA 29/11/2020 A LAS 01:00

Ha volado ágil al cielo como un ruiseñor. Los coros angélicos y de los santos acaban de contratar a un gran virtuoso. Sólo después de que se ha puesto el sol se puede decir "qué hermoso día ha hecho". Del mismo modo, sólo después de que la muerte nos arrebata la vida temporal de un ser querido sentenciamos "qué vida tan hermosa, ejemplar, hemos conocido".

En estas páginas, escribí una semblanza con motivo de su centenario. Fue una celebración de gozo, de gratitud al Padre y de reconocimiento a D. Damián por su vida pastoral y de entrega. Faltaba el epílogo, el broche de oro a esa vida. Y hoy, el día de su tránsito a la eternidad me dispongo a esta dolorosa tarea. Podía concluir que desde entonces D. Damián llevó una vida escondida en Dios. Pero D. Damián, por el feeling que mantuvimos me exige más… Probablemente por el hecho de ser compañero de curso en el Seminario de su primo D. Felipe Borau, sacerdote en Zaragoza, me sentí más cercano a él y seguí sus avatares como sacerdote y obispo.

Pronto haría tres años, en Navidad, que concelebraba con él en la iglesia de Santa Clara. Al llegar al ofertorio, D. Damián sufrió un desvanecimiento. No cayó gracias a que las monjitas formaron un muro en torno suyo. Una médico participante en la Eucaristía lo asistió y yo debí pasar a ser el único celebrante. Sustituir a un obispo es inolvidable para un sacerdote raso.

Le dediqué mi librito "Auto de S. Vicente", en el que hago un elogio del poder de la Palabra divina y humana, por sus excelentes dotes de comunicador. Y cuando me ha acechado un problema serio en mi ministerio sacerdotal. lo he consultado con él. Me comprendía y me ayudaba a relativizar. Era optimista por naturaleza.

Predicar sobre todo de Jesús. En una ocasión me junté con D. Damián y el superior de los PP.Carmelitas en la entrada del convento de Santa Teresa, en la plaza de Navarra. Derivó la conversación hacia la manera de predicar los sacerdotes. D. Damián concluyó que debíamos centrarnos en la figura de Jesús, que es el único que tiene tirón para atraer la fe y la salvación.

Le aceptan la renuncia como obispo de Tenerife. Le costó digerir que la acepta el día que cumplía los 75 años. Se sentía feliz y pletórico de salud en las Islas Afortunadas. ¡Burocracia vaticana! A veces deja de lado la virtud humana. Porque a otros obispos les prolongan un tiempo, años, el ministerio activo episcopal. Prueba de que D. Damián se encontraba en forma es la cantidad de conferencias y ejercicios espirituales que impartió posteriormente por media España e Hispanoamérica.

La televisión es una trágala. Esta frase de D. Damián desató una tormenta a nivel nacional. Yo la suscribo y hoy es más actual. Hace por lo menos 10 años que no veo la televisión. Efectivamente, es trágala, desinformación, incultura, basura en la mayoría de sus programas. Muy pocos canales se salvan medianamente. Conozco ese mundo, todo amaños y cartón piedra.

Acérrimo defensor de la familia cristiana. Introdujo en Huesca los cursillos prematrimoniales. La familia es la célula de la sociedad. Si la familia está sana y reina el amor, la sociedad es una balsa de aceite. Me asusta, como asustaría a D. Damián, el Nuevo Orden Mundial, que según dicen trata de triturar la familia, hundirnos en la ciénaga del hedonismo y abortar la natalidad. La Familia, institución divina… Hoy es recibido por el Padre Eterno. D. Damián, embajador extraordinario de la Iglesia ante el Padre del Amor, expóngale los graves problemas que nos afectan a la Iglesia y a los hombres y mujeres. No se olvide de la covid ni la sequía de vocaciones. Dicen que al partir de este mundo, lo debemos dejar un poquito mejor de como lo encontramos al nacer. Usted, a pesar de sus fatigas, oraciones e ímpetu apostólico, estimo que no lo ha logrado. Su testimonio habrá calado en un centenar de personas.Es oración clamar que en esta hora el Espírito Santo se emplee a fondo para renovar la faz de la tierra, Nos cede usted el testigo a los pocos que quedamos, al objeto de que prosigamos los duros trabajos de la evangelización. Quiera el Señor que en no mucho tardar se instaure en la tierra la civilización del Amor.

Mi última visión de D. Damián. Entré en su habitación de las Hermanitas y lo vi mirando por la ventana. Contemplaba la cúpula de la iglesia de San Lorenzo que apunta al cielo. San Lorenzo mártir, su referente junto con San Úrbez, al que por cierto ha superado en edad (dicen que murió a los 102 años). Al terminar mi visita, D. Damián continuó rezando el rosario. Escribía cada año una hermosa y larga cantiga a Santa María en estilo moderno, no como Alfonso X el Sabio.

Servir a Dios es reinar. Que mi querido D. Damián reine desde ya en el Cielo con Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote y con Santa María Reina y Madre.

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