Opinión

Nací a Huesca hace nada más 35 años

Por
  • JAVIER GARCÍA ANTÓN
OPINIÓNACTUALIZADA 02/12/2020 A LAS 01:00
Nací a Huesca hace nada más 35 años
Nací a Huesca hace nada más 35 años
D.A.

Alumbró la ciudad de Huesca en mí la primera semilla tal día como hoy de 1985. Fue amigable desde el origen, con la visita al Cuartel de la Guardia Civil que durante meses fue mi residencia. Mi zona de confort, pese a las truculencias de casas como la de Pamplona en la larga etapa de los funerales, está asociada a las comandancias. En ellas viví la lealtad y el sentido más arraigado de la amistad verdadera, alegre en las maduras, sincera en las duras.

La segunda irrupción fue la calle La Palma, ese pasadizo angosto tras Muebles Gabarre que comunicaba primero con las pieles de Buera y acababa en un edificio viejo pero que tenía el encanto intangible de haber vivido redacciones durante más de 43 años entonces (acabó en Edificio de la Prensa tras 68 años de servicio inmobiliario). Un jovencísimo Diego Isarre me recibió y acompañó hasta el despacho del director, Antonio Angulo, que nos acogió (me acompañaban mi padre y mi hermano) con su afabilidad sempiterna. Bien es cierto que, desaparecida la protección del capitán Escribano, nos conminó a Luisa Pueyo y a mí, los novatos, a publicar algo de Ayuntamiento y Diputación respectivamente al día siguiente. Luisa y yo éramos rápidos y eso, en una redacción pequeña, no penaliza pero sí exige. Cumplimentada la orden de Antonio, nos esperaba la agradable tarea de tomar las crónicas (era lunes) futbolísticas de Antonio Martínez, Gilo Andreu, Juan Ramón Mor, Mariano Blanc, Javier Foncillas y José Luis Lardiés. Un debut soñado. El remate fue de nuestro dilecto redactor-jefe. Javier Gironella nos enseñó la mesa redonda repleta de fotografías sin archivar y los cajones con los sobres. El sueño de cualquier egresado de la Universidad. Incluso tuvimos tiempo de cortar teletipos de papel de Efe. Fue mi último dolor de cabeza. Quebraderos he sumado algunos más.

De la máquina Olivetti del subteniente Jiménez -heredamos equipamiento castrense por la vieja pertenencia a los MCS- a hoy han pasado 35 años fantásticos, cuya plenitud podría resumir en el banderín de la Unidad de Transportes que un día vi en el Sancho Ramírez con motivo de una festividad de San Hermenegildo: "Vive quien sirve". Los eslóganes militares tienen una fuerza que subyuga, porque son más rotundos y memorables que los de cualquier politólogo. Aunque también me seduce la expresión del Mago More: "Lo que más me gusta en la vida es ayudar y hacer reír". El primero, depende de la actitud, y ahí llego; el segundo, de la aptitud. Y eso se lo dejo al Mago.

De estos siete lustros, no tengo sino gratitud. Mentiría como un cosaco -no sé por qué se les atribuye esta maldad- si negara que ha habido sinsabores y disgustos, porque nuestra vida está entretejida con hilos de alegrías, de penas, de gratificaciones y de ingratitudes. En las satisfacciones, he procurado pese a mi carácter aplicar la contención, y en los reveses la serenidad. En toda tesitura, el estímulo para aplicarme en el deber de mejorar para contribuir a mi familia, a mi diario y a mi tierra, que hoy es la del Alto Aragón, enraizado como estoy emocionalmente hasta los tuétanos.

En la vereda, compañeros maravillosos, amigos entrañables, colegas fabulosos, empresarios admirables, sensibles maestros de la cultura, campeones de mi corazón en organizaciones sociales, deportistas hercúleos. Todos se han apoderado de mi espíritu, me han conquistado. Hoy, no ayer como decía Linkedin, cumplo 35 años fatos, muy fatos, con intacta voluntad de servir. Huesca, gracias por existir.

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