Opinión

ADIF, Renfe y el maltrato rural

Por
  • IVÁN TELLA MARCUELLO (PRESIDENTE DE CHA-MONEGROS)
OPINIÓNACTUALIZADA 04/12/2020 A LAS 01:00

Los entes públicos ADIF y RENFE están sometiendo al tren convencional y a las estaciones de los pueblos a una estrategia de abandono calculado, que supone un acicate para rematar el vaciado demográfico rural.

Un ejemplo de estas actuaciones se acaba de vivir en la estación de Tardienta, eje de comunicaciones entre la lanzadera Zaragoza-Huesca y el ferrocarril convencional Zaragoza-Lérida, donde han cerrado sus puertas, sin venta de billetes, sin sala de espera… Antes cerraron centenares de pequeñas estaciones, donde los viajeros esperan a la intemperie, a oscuras, sin aseos, y con entornos degradados y algunas veces alejados de núcleos habitados.

La excusa de la rentabilidad económica por encima de la social y territorial que los dirigentes de Madrid utilizan para matar el tren convencional, no se aplica en la alta velocidad, donde el criterio de la recuperación de costes no es el primordial.

Ese doble rasero evidencia una clara intencionalidad por eliminar los servicios en el medio rural, fomentando la despoblación y concentrando el máximo de recursos en las comunicaciones entre las grandes urbes, aun a costa de desvertebrar el territorio.

Desde CHA-Monegros consideramos que es necesaria la unidad de todos y todas para frenar este desatino, y conseguir que el tren convencional, como ocurre en la vecina Francia, está bien tratado en cuento a inversiones, modernización de vías, máquinas y estaciones. A corto plazo es necesaria la reposición del servicio de venta de billetes en Tardienta, y sería deseable que el precio del mismo tuviera relación con las prestaciones de confortabilidad y velocidad de cada servicio.

Y es que los diferentes gobiernos españoles del PP y ahora de PSOE/Podemos-IU han conseguido que haya trenes que, aun dejando gratis el billete, no serían atractivos para el viajero: malos horarios, sin estaciones, sin billetes, sin confort, sin velocidad, sin frecuencias.Es decir, todo lo contrario de un país moderno que lucha por el transporte público sostenible.

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