Opinión

El tipo que lee mientras camina

Por
  • JAVIER GARCÍA ANTÓN
OPINIÓNACTUALIZADA 14/12/2020 A LAS 01:00
El tipo que lee mientras camina
El tipo que lee mientras camina
R.G.

La advertencia es engañosa: cuidado con andar mientras lees, que te la vas a pegar. No, cuando sondeas la vida a través de las letras porque has labrado el cultivo de la curiosidad, el tránsito es firme y el camino se allana. El retorcijón se limita al físico, pero el músculo del intelecto se robustece.

Luis Lles Yebra lee mientras anda. Una típica estampa oscense. O anda mientras lee. Le da libertad. No existe una herramienta más segura contra la imposición que impulsar la curiosidad hacia el conocimiento. Así nos lo advirtieron preclaros visionarios como George Orwell, Aldous Huxley o Ray Bradbury. Nada más vanguardista, nada más comprometido. Luis lo es. Lo ha acreditado en una trayectoria no sólo brillante, sino enormemente consistente, con vocación pública, soltando amarras respecto a cualquier intención de condicionar su trabajo (si la hubo).

Me interesa su perfil renacentista. El que siembra todas las artes y de todas obtiene respuesta. Un diálogo a varias bandas con la música, la literatura, la pintura, la escultura... y la solidaridad. Allí donde el corazón bombea, está él, discretamente, ajeno a su propia grandeza, enigmático.

Si recientemente aludía a mi propio nacimiento a Huesca, Luis nació a DIARIO DEL ALTOARAGÓN tras una aclamación popular al quedar suspendido su programa radiofónico. Sin embargo, nunca dio importancia a los cientos y cientos de firmas registradas. Su reputación en toda España, hace más de tres décadas, era de hormigón. Y, en contraste, su alma es como las mariposas, etérea, libre. Pero su modernidad no es líquida, como la que denunciaba Baumann, sino muy sólida. Periférica, envolvente, afanosa, creativa, genial. Porque la cultura es poliédrica por senderos insospechados y fascinantes. A veces, difícilmente inteligibles para los profanos en algunas de las disciplinas que tan magistralmente describe cuando apenas se han incorporado al catálogo cultural, sean de África o de la jota más arraigada en Aragón. Les voy a contar un secreto: soy lector incondicional de este ecléctico desde siempre, a pesar de que muchos de los términos que utiliza para los seis millones -grosso modo- de corrientes que domina ni los entiendo ni casi los concibo. Pero sus Señas rezuman una pasión que, si no hipnótico, sí inducen un efecto magnético irresistible.

En tono jocoso, el añorado Javier Brun me decía la última vez que nos vimos que "a Luis habría que quitarle el derecho de la jubilación... al menos hasta que me vaya yo". Con él, camina un espíritu irrepetible, que ha legado -transparente como siempre ha sido- un estilo para su aprovechamiento. Él ahora tiene mucho que escribir, que seguir escribiendo.

Un directivo zaragozano, hace algún tiempo, me preguntó con pretensión irónica (que no domina) quién es Luis Lles. A los ignorantes, claridad. Le dije: es el mejor. He"s simply the best. No lo entendió. Ustedes sí. Que el oro de tu edad sea júbilo, Luis.

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