Opinión

El problema número 1 de 2020

Por
  • FERNADO JÁUREGUI
OPINIÓNACTUALIZADA 29/12/2020 A LAS 01:00
El problema número 1 de 2020
El problema número 1 de 2020

Acabamos el año con los políticos constituyendo el "problema número uno" para los españoles. Así se muestra unificando las diversas entradas con las que una absurda clasificación técnica del CIS disgrega este concepto; pero si usted las agrupa todas, incluyendo la preocupación por la corrupción (que es política, claro), verá usted que los políticos, la clase política, el Gobierno y, claro, la oposición, englobando un 60 por ciento de respuestas, superan al paro, a la situación económica e incluso a la sanitaria en el "ranking" de angustias de los ciudadanos.

Mucho me gustaría poder preguntar por este asunto al presidente Pedro Sánchez, en su comparecencia "de fin de curso" ante los medios de este martes, una comparecencia que estará apoyada en evaluaciones presuntamente independientes acerca de su labor. Pero la verdad es que la Secretaría de Estado de Comunicación no me ha alentado precisamente -sé bien lo que digo y lo escribí en su momento- a estar presente en estas apariciones presidenciales, ni siquiera telemáticamente: la pandemia facilita las huidas de la transparencia. Y Sánchez, pese a que puede vanagloriarse de, aun suspendiendo, ser el más popular de los políticos españoles, es no obstante parte sustancial de ese "problema número uno"; por no hablar ya, claro está, de su vicepresidente segundo, que, junto con el "ultra" Abascal, se alza con el liderazgo nacional, y quién sabe si internacional, de la impopularidad.

Debo ser uno de los escasos ciudadanos que confían algo -no del todo, por supuesto: a veces los trucos se adivinan con demasiada facilidad- en los sondeos del Centro de Investigaciones Sociológicas. Creo que no se puede decir, como hacen voces de la oposición, que el CIS carece de credibilidad y, luego, apelar a sus resultados para recalcar, por ejemplo, que la Monarquía no constituye una preocupación primordial sino para el 0"2 por ciento de los ciudadanos, contra lo que afirma el susodicho Iglesias. Es un dato matizable, por supuesto, pero coherente con los resultados de otras encuestas, que indican la supervivencia de una popularidad aún contundente de la Monarquía o, al menos, del monarca actual, que, por cierto, bien haría en poner en marcha una serie de reformas en la Institución, con o sin el apoyo del Gobierno.

También lo dicen las sacrosantas encuestas, que colocan el fin de la inviolabilidad del jefe del Estado como la exigencia primordial. Considerar válida la mínima cifra sobre la preocupación de los ciudadanos acerca de la Monarquía (se supone que sobre su futuro, que está garantizado para más de la mitad de otros encuestados, que creen que la princesa Leonor llegará a reinar en España) y, al tiempo, desdeñar lo que los sondeados dicen de modo tan contundente sobre la clase política es una enorme trampa saducea.

Pedir, como se hace desde el Gobierno (con no poca lógica, desde luego), una reforma de la institución de la Corona y no centrar otros afanes en una reforma del Ejecutivo, que va pidiendo ya a gritos una remodelación ministerial, y en otras instituciones, es negarse a ver la realidad: los españoles están desconectando de sus representantes, no confían en ellos. Y conste que creo que hace bien el Gobierno tratando de alimentar como sea su popularidad, incluso etiquetando con el sello gubernamental las cajas de las vacunas, o alentando campañas mediáticas para animar a la gente a vacunarse. Es lógico que un Ejecutivo, incluyendo los regionales, presuma de sus logros -suponiendo que la llegada de la vacuna lo fuese de ellos--, sobre todo tras haber cosechado tantos fracasos. Y ahora, como primer reto ante 2021, tenemos el de comprobar si las autonomías son capaces, sin "politiqueríos", de coordinarse entre ellas y con el Gobierno central a la hora de repartir y administrar el medicamento. También sobre esto me gustaría preguntar a Pedro Sánchez, pero seguro que alguien lo hará por mí. Aunque no le permitan repreguntar luego. El año 2020 comenzó sin transparencia y sin ella concluye.

Etiquetas