Opinión

Los abyectos boticarios

Por
  • JAVIER GARCÍA ANTÓN
OPINIÓNACTUALIZADA 07/01/2021 A LAS 01:00
Los abyectos boticarios
Los abyectos boticarios
EFE

A Fabien Bruno, de la Farmacia Delpech de París, le han otorgado la Legión de Honor. Es colega y amigo de Diego Marro. Sus méritos, haber estado al pie del cañón en la fabricación de hidrogeles, dispensación de mascarillas y realización de test de antígenos, redoblando los esfuerzos en la fase más crítica de la pandemia. Tan admirable desempeño es similar al de Marro, Lachén, Mas Farré, Gabarre y tantas y tantas farmacias de nuestra provincia, que se ofrecieron desde antes del minuto 1 de la pandemia -la ventaja de estar atentos a las señales pese a la contumacia oficial- y actuaron sin apenas pedir nada a cambio más allá de facilidades para desempeñar su salutífera misión.

Hace unos días, un "influencer", exministro de peregrina huella, Miguel Sebastián, escribía esta necedad en la legión de idiotas que invade Twitter (Umberto Eco dixit): "Creo que la vacunación debe mantenerse como monopolio PÚBLICO, para evitar que se repita el negocio de los test. Somos un país muy propicio al "negocio fácil". Si hacen falta recursos, se puede acudir a contratación pública o incluso al Ejército".

El susodicho prefiere que caiga gente como moscas antes de dar variedad cromática al buzo vacunador, pero además insulta a quienes se han ofrecido generosísimamente para ayudar decisivamente a la salud pública. Entre líneas, pensamiento tan reduccionista como el de aquellos que aún ven a los curas franquistas, a los militares represores y a los empresarios especuladores. Sin excepción. Y obvia que los boticarios, reyes de la formulación magistral, anclaron su patrimonio en el estudio de la naturaleza, que refleja que en Francia son agradecidos y algún exministro en España es un cretino sin vacunar.

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