Opinión

Felicitación

Por
  • CONCHITA DEL MORAL
OPINIÓNACTUALIZADA 09/01/2021 A LAS 01:00

Felicidades, padre, el 9 de enero de 1902 naciste en la ciudad de Barbastro (Huesca) en una familia cristiana, trabajadora y limosnera, ayudaba siempre a las personas que lo necesitaban. Tenían un negocio que por circunstancias de la vida fracasó y ellos supieron perdonar al culpable. El único hijo varón eras tú, dos niñas murieron en temprana edad, solo quedó Carmen; tú pedías a Dios otro hermano, pues tú estudiabas y querías ser arquitecto, pero Dios tenía otros planes para ti, un día viste claramente que te pedía ser sacerdote y seguiste los pasos de Dios, aunque tus padres ya eran mayores Dios les concedió un hijo.

Por los reveses de fortuna la familia se tuvo que ir a trabajar a otra ciudad: Logroño.

Un día, Dios te hizo ver que tenías que fundar algo donde la gente se pudiera santificar en medio de su trabajo haciendo bien, sin chapuzas y cara a Dios y tú lo aceptaste. Era algo tan nuevo que te trataban como loco y tú decías, "tienen razón, loco de amor a Dios". Fundaste el Opus Dei. En esta Obra caben todas las personas que Dios las llame por éste camino, pobres, ricos, cultos, menos cultos, todas las razas, todos los oficios, dignos hijos de Dios.

Cómo te preocupabas por todos los que formamos esta gran familia. Me acuerdo en una ocasión de la madre de una que no entendía nada la Obra y animaste a su hija que estaba en Roma que viniera a España a ver a su madre, que la cuidara y estuviera hasta que la necesitara, esa madre después cambió y fue cooperadora.

En otra ocasión en una reunión familiar al primer golpe de vista te diste cuenta que una persona tenía mala cara, no de enfado sino que no se encontraría bien, le preguntaste y ella dijo que estaba bien; acabada la reunión dijiste que se pusiera el termómetro y en efecto tenía fiebre.

Nos inculcabas el amor al Papa, a la Iglesia y a todas las personas aunque pensaran diferente a nosotros. Cuántas veces te he oído decir: "¿Por qué no tengo que ir del brazo de otro que piense diferente que yo , le podré aconsejar, pero jamás coaccionar".

Estabas pendiente de todo, de nuestros padres, hermanos, de que les escribiéramos, mandáramos fotos, etcétera. Y para nuestros santos nos felicitabas y nos mandabas algún detallico.

Gracias, padre, pues por tu correspondencia al amor de Dios hemos encontrado muchas personas la felicidad y, ¡cómo seguimos notando tu ayuda! Auguri, felicidades.

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