Opinión

En un gimnasio

Por
  • JAIME FERNÁNDEZ-VILLA DE REY SALGADO
OPINIÓNACTUALIZADA 30/01/2021 A LAS 01:00

Dura lex, sed lex. Pese a la obligatoriedad del uso de mascarilla en instalaciones deportivas, sigue habiendo gente que no comprende o no quiere comprender este básico y necesario deber sanitario, una constante en un gimnasio del barrio de San José del que era cliente, donde diariamente durante meses he tenido que llamar la atención a múltiples infractores, con caso omiso por parte de entrenadores ante mis quejas. Este crescendo de irresponsabilidad llegó al punto álgido recientemente, cuando tras sucesivos ruegos para que varios usuarios se pusieran correctamente la mascarilla, acabamos teniendo una acalorada discusión. Dicho suceso fue la gota que colmó el vaso, por lo que procedí a contactar con la directiva solicitando medidas de expulsión para los infractores, ante lo cual respondieron de forma evasiva, y se me restringió el acceso por orden de dirección: expulsado por "Incumplimiento de la normativa COVID". Sorpresa. Argüían que, tras revisión de las grabaciones habían encontrado momentos en que no limpiaba el material, además de un mal uso de una goma, y el conflicto mencionado. Adiós. Entono el mea culpa, quien esté libre de pecado que tire la primera piedra, pero no deja de ser una forma ridícula de silenciar a quien se queja. El problema radica en que se nos olvida que, como ciudadanos, tenemos derechos, pero también deberes. Es mi derecho practicar deporte, pero se acompaña del deber de respetar la salud de los demás. Como médico y deportista, me entristece lo sucedido, pero no apoyaré los lloros al son de "el deporte es salud" ante un nuevo cierre, donde una vez más, pagarán justos por pecadores.

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