Opinión

La alegría en la pedagogía de Don Bosco

Por
  • Manuel Carranza/ Antiguo Alumno Salesiano
OPINIÓNACTUALIZADA 31/01/2021 A LAS 01:00

Celebramos el 31 de enero la fiesta de Don Bosco, la fiesta de la Familia Salesianas llamada a vivir la santidad de la alegría como el Papa Francisco nos recuerda: "El santo es capaz de vivir con alegría y sentido del humor. Sin perder el realismo, ilumina a los demás con un espíritu positivo y esperanzado" (GE, 122) A Don Bosco se le ha llamado con razón "el santo de la alegría". Cuando Pablo VI, el año 1975, regaló a la Iglesia su carta sobre la alegría, "Gaudete in Domino", nombró a San Juan Bosco como uno de los santos que mejor habían aprendido y comunicado el carisma de la alegría, repitiendo con insistencia a sus muchachos: "¡Mi mayor satisfacción es veros alegre!" Don Bosco consideró la alegría como un elemento fundamental en su sistema educativo. Junto al sentido del humor son numerosas las citas del Santo que certifican el valor que le daba a la alegría como camino para el desarrollo de una vida de tendencia limpia y positiva. Y hay quienes se oponen a ello por norma y con total convencimiento.

La razón, la defensa de lo humano y el más común de los sentidos desaparecen, son arrinconados, anteponiendo ideas (que bien conoció y luchó Don Bosco en su tiempo) alejadas de la realidad social, que son de manifiesto, sin oír la más mínima intervención de la sociedad, de las familias, de los padres de la comunidad educativa de los hijos. Y dejan la alegría que no les llena ni por dentro ni por fuera.

No se quiere ver a quienes viven la situación adversa, que asumen la responsabilidad de la educación, ante quienes desde su comodidad política a la que sirven, ni tienen en cuenta ni saben ni pueden justificar la línea a la que, insisto, se sienten ajenos, a la manifiesta realidad, no solo y en principio por un estado de necesidad, sino por obvios motivos de formación y pedagogía.

Hay necesidad de ser conscientes y capaces de conocer eficazmente la obra educativa, de saber reflexionar para el bien, abiertos al diálogo y a saber admitir que el problema está ahí, que es como es y debe ser resuelto, en bien de todos y máxime de las personas directamente afectadas, que no son pocas.

¡Qué diferencia de la alegría, elemento siempre presente en los ambientes educativos animados por Don Bosco! En ellos se vive un clima de fiesta. Todo podía ser celebración. Y el carisma sigue.

La alegría es saludable, pero no la captan. Estimula las ganas de vivir, expande el ánimo y tonifica a la persona. Tiene una función terapéutica. Ayuda a afrontar los retos difíciles de la vida. Es así como se entiende la combinación aparentemente extraña que Don Bosco hacía entre alegría y cumplimiento del deber sin apartar este de aquella.

En nuestro tiempo se tiende a confundir placer con alegría. El placer es bueno, contribuye a la alegría, la celebra. Pero puede llegar a ser dañino, desordenado y, por tanto, destructivo de la propia persona. No les llena la alegría, la eliminan en su espíritu, que deambula de tumbo en tumbo y desechan la propuesta educativa de Don Bosco de cultivar la alegría como un camino saludable para dejar en paz y dejar vivir a los jóvenes que crezcan desarrollando libremente y a plenitud sus energías vitales.

Don Bosco y su método preventivo siguen dando su fruto precisamente a través de la alegría en su pedagogía. Recientemente el Papa Francisco aprovechó los 90 años de existencia del colegio salesiano en el Barrio de "Ramón Mejía" de Buenos Aires (Argentina), donde estudió el curso de sexto grado en 1946, sumándose a la alegría mientras recordaba su paso por el colegio, recibiendo una "formación al estilo de Don Bosco, abierta al trabajo, la creatividad y la alegría".

Y, siempre, la ¡alegría! y con ella ¡feliz celebración del día de San Juan Bosco!

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